FESTIVIDAD DE SAN ANTONIO DE LA FLORIDA.

LA PRIMERA VERBENA DE MADRID.

    © L. Regino Mateo del Peral, Miembro Numerario del Instituto de Estudios Madrileños.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 Texto e ilustraciones de L. Regino Mateo del Peral,  a raíz de la entrevista radiofónica sobre la  mencionada festividad, realizada en Radio Libertad Digital, por Nuria Lorite, Directora de programación: La Vida Biloba,  al Sr. Mateo, encargado de la Sección de Historia de la citada actividad, el sábado 9 de junio del 2018.

 

San Antonio de Padua, cuya festividad, de acuerdo con el calendario litúrgico católico se celebra el día 13 de junio, recibe otras denominaciones como San Antonio de Lisboa y en Madrid San Antonio de la Florida y San Antonio El Guindero, aportando diversos datos que engrandecen el prestigio y carisma del Santo. Ello no es óbice para que  la devoción a San Antonio se extienda a otros lugares de la ciudad como la  Parroquia de San Antonio del Parque del Retiro,  situada en la calle Duque de Sesto, 7 (Los Antonianos) o la Parroquia de San  Antonio de Cuatro Caminos, sita en la calle de Bravo Murillo, 150 y Parroquia San Antonio de las Carcavas, en la calle de Jesús Mallo, 15.

 

                                    LA PRIMERA VERBENA

 

Pedro de Répide[1], en  su obra: MADRID, Visto y sentido , en el apartado: Costumbres y devociones madrileñas ,a  los meses en los que se celebran determinadas festividades los denomina con un adjetivo,  así al mes de junio lo define como JUNIO GALÁN  y así después de describir la festividad del Corpus, lo hace con la de San Antonio de la Florida y encabeza su crónica con la copla que mencionó Antonio Trueba:

 

La primera verbena

que Dios envía,

es la de San Antonio

de la Florida.

 

  También ,  Pedro de Répide  en  su espléndida y amplia descripción de “Las calles de Madrid” [2]hace referencia al Paseo de la Florida, indicando como el punto de partida de aquel es el paseo de San Vicente y su término se halla en la glorieta de San Antonio. Répide se lamenta de aquella belleza bucólica ya desaparecida, hermosura que caracterizaba a ese paseo en el siglo XVIII. Esta armonía y estética del paseo se rompió por la  construcción de la Estación del Norte, llena de edificios, muelles, andenes y raíles que afectaron a ese entorno. En ese sentido, Répide analiza la situación, considerando que donde se asentó la estación no era el sitio adecuado y que había otros emplazamientos más apropiados como los de “en la parte alta de Madrid: Cuatro Caminos o Chamberí” que hubieran sido más adecuados.

 

     Censura, asimismo, que los intereses privados primaron sobre el bien o los intereses públicos y menciona la corrupción financiera que, en este sentido, precedió al bienio progresista de 1854-1856, en la llamada década moderada (1844-1854). Concluye que el trazado del ferrocarril procedente de las provincias del Norte bien podía haber llegado directamente por tres accesos más factibles e idóneos como “el paseo de Santa Engracia, la calle de Fuencarral, y la de San Bernardo”, en lugar del caprichoso rodeo atravesando tres “propiedades reales: la Casa de Campo, la Florida y la Montaña del Príncipe Pío”.  Por tanto, no había necesidad alguna de haber realizado esa circunvalación obviando la existencia de un paraje artístico, que constituía una de las partes más bonitas de la periferia madrileña.

 

   En la época hubo comentarios de todo tipo, en el sentido de intentar buscar las razones que por qué había ocurrido tal desatino y el hecho de qué los propietarios de las fincas recibieran una compensación económica de cincuenta mil duros por cada uno de los kilómetros de la vía del ferrocarril que se tendiesen en las referidas tierras.

 

   Ese espacio tan hermoso de la Florida formaba parte del excelente y loable proyecto de Pedro de Ribera, conocido como “proyecto del Paseo del Nuevo Prado” que significaba un logro importante a la vera del Manzanares y que bordeando su curso, como analiza Virginia Tovar Martín,[3] hubiera supuesto la conexión del Puente de Segovia con el Palacio Real del Pardo, facilitando una óptima entrada al Real Sitio De la Florida y Montaña Príncipe Pío, en cuya zona había algunas fincas de la nobleza y un Palacio Real.

 

   En cuanto a la Florida cabe constatar que durante la época del reinado del monarca ilustrado, Carlos III[4] la ciudad de Madrid estaba circundada por un bello conjunto de árboles a los que servían de referencia tres hermosos paseos: los del Prado, Delicias y la Florida. Dicho contorno tenía una amplitud de más de tres leguas, paseos que ofrecían al viandante una muestra agradable entre diversas especies arbóreas.

 

   El  Paseo de la Florida es el escenario  de la primera verbena que se celebra en Madrid, así llamado  dicho   paseo por haber existido “in situ” el antiguo palacio, conocido con ese término (La Florida)  y que perteneció al marqués de Castel Rodrigo. La nobleza se expandió por ese contorno de la Moncloa con sus fincas de recreo palaciegas como  la de la esposa de Carlos IV, María Luisa, o la de la Duquesa de Alba.

 

La finca de una gran amplitud, donde se crearía el Real Sitio de la Florida   fue adquirida por el Príncipe Pío, esposo de la marquesa de Castel Rodrigo, que engrandeció  los terrenos adquiriendo las casas que se hallaban próximas. El Real Sitio de la Florida se creó por Carlos IV, cuando compró la finca y el palacio de La Florida a los marqueses de Castel-Rodrigo y, también, la finca adyacente de la Moncloa a Godoy. El Real Sitio fue, por tanto, un lugar cuya propiedad correspondió a la Corona y que con el tiempo desaparecería.

 

     Uno de los escritores costumbristas que analizó con profundidad  el tema de las verbenas madrileñas y, en especial, las relativas a San Antonio, San Juan y San Pedro, en el siglo XIX, fue Basilio Sebastián Castellanos.[5] En ese ensayo pone de relieve que la verbena es una romería nocturna y que desde la época más pretérita que corresponde a los siglos iniciales de la era cristiana ya había festejos en honor de San Juan y San Pedro. La denominación de verbena, según Castellanos, que recibe esa festividad tiene su origen en una planta conocida en latín con ese mismo sustantivo (verbena)  y en castellano con  el nombre de Grama. Alude a las características sagradas de la planta Esas virtudes de la planta reseñada propiciaba que del agua extraída de la misma mediante su cocción a modo de infusión se empleara  por sus propiedades curativas para sanar la hidropesía y la gota. Además, se utilizaba por esas bondades para bendecir los edificios. Igualmente, Castellanos reseña que Sebastián de Covarrubias  en su valioso y gran diccionario: Tesoro de la Lengua Castellana, publicado en 1611, especifica el hecho de que cuando los embajadores de Grecia y Roma se desplazaban para sus negociaciones a países enemigos portaban en la mano parte de la planta y como afirma Plinio era para estar purificados y volver sin mancha a sus reales.

 

Antonio Flores  nos especificaba  ya  en 1849,  en: el Museo de las Familias [6]  respecto a  determinadas romerías y verbenas que la verbena de San Antonio de la Florida competía  con la romería de San Isidro y la verbena de San Juan , en cuanto a popularidad .  Igualmente, hacía constar que la festividad de San Antonio se puede calificar tanto como romería que como verbena ya que:” participa de ambos géneros de diversiones”. Asimismo, hacía referencia a las virtudes de esa conmemoración al afirmar  que: “es por muchas razones la fiesta  más divertida que tiene el público de Madrid”, tanto por el lugar donde está situada la ermita, en la ribera del río Manzanares, a la izquierda del río, como por la hermosura del paisaje y la vegetación frondosa del paseo con diversas especies arbóreas, así como la por la especial veneración que se rinde al Santo. Todos estos aspectos favorecen a que la asistencia sea muy nutrida y a que acudan al recinto “todas las clases de la sociedad...”.

 

  En cuanto a la obra de Goya que más se identifica con esta verbena se encuentra: “EL Baile a orillas del Manzanares”. Constituye la pintura que mejor refleja una de las escenas campestres más ilustrativas de cómo se divertían los madrileños en la festividad  de San Antonio. Este cartón lo entregó el pintor en 1977 y en el Museo del Prado la pintura es conocida, también, con la denominación de “Baile de San Antonio de la Florida”.

 

     Francisco Moreno[7] recoge en su libro la descripción literal que el genial artista aragonés realiza de su obra pictórica manifestando que se trata de “... (sic) un bayle   a orillas del Río Manzanares: dos Majas y dos Majos que baylen seguidillas y otros que hazen  Música, uno de ellos canta con la guitarra, otro acompaña con una bandurria y otro en el mismo termino que con las manos lleva el compás. Detrás de estas hay otra Maja y otras dos que se ven por entre  medio que están en el mismo grupo. Más cerca del Río hay un Militar con una Maja en conversación y otra que  de el bayle ha ido a vever al Río: hay varios despojos de Capas y Sombreros a primer termino y los lexos  se ve un poco de Madrid por San Francisco.” ( Sabido es que el pintor cometía numerosas faltas de ortografía).   

 

    La referida pintura tiene, pues, una connotación alegre y festiva con unos personajes que disfrutan de ese acontecimiento de la verbena, mediante el baile de las seguidillas en donde no faltan instrumentos musicales como la guitarra y la bandurria y canciones que amenizan el acto, asi como la conversación que se entabla entre esos majos y majas en ese marco tan bello junto al río desde donde a lo lejos  se contempla la Basílica de San Francisco El Grande, cuya autoría correspondió al arquitecto real Sabatini.

 

   Los puntos de referencia esenciales  que caracterizan a la verbena como una de las manifestaciones lúdicas y religiosas más relevantes de la capital, después de las fiestas patronales de San Isidro, estriba en el hecho de que sea la primera verbena que inicia el ciclo  de la celebración de este tipo modalidad festiva, que se conmemora el 13 de junio,  e independientemente de las romerías, que comienzan con la de  San Antón, fiesta que tiene lugar el 17 de enero. Que la verbena se realice bajo la advocación del Santo  Antonio, uno de los santos más carismáticos y taumaturgo universal  en  la historia  del cristianismo, hasta tal punto que el Papa León XIII[8] le otorgó, el 18 de octubre de 1881, el calificativo de “Santo de todo el mundo”, al tratarse del santo al que más se intercede para remediar cualquier dificultad. Que la ermita en donde se le rinde veneración: San Antonio de la Florida, fue donde Jovellanos  encargó a Goya  que la ornamentara con sus pinceles, dejando al pintor entera libertad para  que diera rienda suelta a su fantasía y la decorara como estimara conveniente y que el panteón de Goya esté junto al presbiterio en la Ermita desde 1919.

 

Tuve el privilegio en mi juventud, en sucesivos años, en bajar con algunos compañeros andando a la verbena, dada la  proximidad del recinto, desde el Colegio Mayor Universitario Diego de Covarrubias, situado en la Avenida Séneca, donde estaba alojado y cursaba mis estudios en la Universidad Complutense, aunque tenía lógicamente la limitación del tiempo por coincidir esas fechas con los exámenes finales, pero siempre permanece en mi recuerdo esas casetas y puestos de tiro al blanco, de artículos de broma, de rifa, de botijos, de plantas y flores, de tómbolas, de degustación de churros y buñuelos, de frascas de vino y aguardiente etc. y  los caballitos, coches de choque, números circenses y otras atracciones que propician que la verbena tenga ese encanto característico, máxime con la ermita ornamentada con los frescos de Goya en honor de ese Santo tan querido por la cristiandad que está predispuesto para interceder en hallar esos preciados objetos perdidos o en remediar con su capacidad taumatúrgica la soltería de algunas desconsoladas jóvenes.

 

     La verbena tiene varios factores a su favor y entre ellos destaca el marco tan señero y hermoso en donde se celebra, junto a la ermita con esos maravillosos frescos de ese genial pintor aragonés. Verbena evocadora que genera entre los asistentes un noble sentimiento en relación  con ese recinto plagado de historia, que ha servido de inspiración a  pintores, escultores, escritores y compositores para glosar las excelencias y belleza de ese paraje a través de sus lienzos, esculturas, grabados u  otras obras literarias y musicales.

 

  Ese“nosso San Antonio”, ilustre lisboeta, tiene una dimensión universal y el azar por una borrasca en el mar quiso que recalara en Italia y fijara su residencia en Padua  y en la hermosa ciudad italiana es donde fundamentalmente se venera a este Santo, taumaturgo

 

                    LA ERMITA DE SAN ANTONIO DE LA FLORIDA

 

La historia de San Antonio de la Florida se remonta a la segunda  mitad del siglo XVI, en el momento que Pedro Arias estableció un lavadero junto al río Manzanares y en una casilla decidió  colocar un cuadro en honor de Nuestra Señora de Gracia, como reseña Francisco Moreno Chicharro[9] . Precisamente, fueron los agustinos descalzos los que impulsaron esta devoción a esta Virgen. De este modo y aparejada a esta veneración surgiría la veneración a San Antonio de la Florida. Posteriormente, Pedro Arias ampliaría el cuadro de la Virgen  y realizó un altar portátil , que congregaba a numerosos fieles, que hizo necesario que a  lugar se aproximara un sacerdote para oficiar la Santa Misa . Una vez que fallecieron Pedro Arias y su hijo se encargaron de la pequeña capilla los guardas del Cuerpo del Resguardo de Renta Reales. En 1729, Francisco Olmo que era guarda mayor  de Felipe V detectó ciertas anomalías   en el culto a la imagen mariana. El caso es que con las limosnas recogidas y parte de sus ingresos se pone en contacto con uno de los hermanos de los Churriguera,[10] concretamente  Alberto (1676-1750) para construir una nueva capilla que se inauguró en 1732.

 

Fue  el escultor Juan de Villanueva padre el que realizó una escultura de San Antonio que se situó en el Altar Mayor al pie del cuadro de la Virgen. Junto a la epístola se colocó una figura de San Juan y al otro lado una de la Virgen. Era tanta la devoción por San Antonio que se cambió la denominación del templo que se llamó San Antonio de la Florida en lugar de Nuestra Señora de Gracia.

 

 Asimismo, un monje benedictino era el encargado de celebrar una misa. En 1766 se celebró la última misa y  la imagen fue trasladada a la Parroquia de San Martín hasta el año 1770 , en el que, de nuevo, es portada a la  nueva Iglesia, cuyo autor fue el prestigioso arquitecto Francisco  de Sabatini (1722-1797). En 1770 tuvo lugar la primera misa y el 10 de julio de 1792 la última. En ese mismo año Carlos IV ordenó que se pusiera la primera piedra de otra nueva iglesia, en el lugar entre los dos caminos viejo y nuevo de Areneros. Esta capilla fue transformada en Parroquia por el Papa Pío VI y a su inauguración asistieron los Reyes.  Carlos IV ordenó posteriormente, considerando el incremento de fieles, que había que construir la Iglesia actual, aunque fuera con cargo a su presupuesto, siendo el arquitecto autor de las obras el italiano Felipe Fontana.

 

 Además de la devoción al Santo el acto  religioso se complementó con manifestaciones lúdicas en las que se mostraba el regocijo popular  como, por ejemplo, las danzas en las que se utilizaban la gaita y tamboril al principio y al final de la actividades religiosas. A medida que las peregrinaciones adquirieron mayor auge  y había más devotos se emplearon instrumentos como la bandurria, la guitarra, el laúd, además de otros de percusión como: botellas labradas, pandero, pandereta, almirez, tamboril y castañuelas.

 

    La estrofa  que a continuación se reseña sobre la ermita  evoca su belleza en honor del Santo:

 

Entre flores y ramas[11]

Tienes tu ermita,

Glorioso san Antonio

de la Florida

 

 Las danzas, que inmortalizó Goya en sus lienzos, y que   se bailaban al principio en la verbena fueron, entre otras, la seguidilla, la tirana, los bailes de candil, el bolero y el fandango (que era una variante de “la Escuela Bolera madrileña”). Esta fiesta de San Antonio se identifica más con el nombre de romería que con el sustantivo de verbena,  considerando que ya de madrugada comienza el culto al Santo   y el punto de encuentro es la ermita  de San Antonio, situada al final del Paseo de la Florida con los famosos frescos de Goya.  [12]. Este fue el templo en el que Goya pintó sus famosos frescos. Por otra parte hay que constatar el hecho de que junto a la ermita original se construyó otra muy similar ante el temor que los frescos y la tumba sufrieran deterioro por el incienso, humo de los cirios y la afluencia masiva de gentes y el culto se trasladó al nuevo templo. El arquitecto que concluyó las obras en 1928 fue Juan Moya. Esta réplica[13] tiene como imágenes más destacadas la de San Antonio de Padua, en el Altar Mayor, cuya autoría corresponde a Ginés del siglo XIX y un Cristo crucificado. También existen otras esculturas como las de dos vírgenes: la del Carmen y la de la Inmaculada Concepción e, igualmente, otra de San José.

 

El 19 de marzo de 1918[14] se firmó un nuevo convenio entre Patrimonio Nacional, Ayuntamiento de Madrid y Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a fin de preservar y garantizar los frescos de Goya.  Este convenio es una continuación del de 1987, pero  supone  un esfuerzo más equitativo entre las tres entidades para el mantenimiento y conservación de  los frescos de la Ermita, garantizando un reparto más equilibrado de las responsabilidades de conservación de este monumento. De este modo el Consistorio madrileño asume la competencia de las visitas e iluminación del recinto; Patrimonio Nacional  se encarga de su conservación, mientras  la tarea de asesorar corresponde a  la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este convenio ha permitido que  la Ermita pase a integrarse en la Red de Museos Municipales y que pueda ser visitada diariamente.

 

LOS FRESCOS DE GOYA

 

    Goya optó por pintar los famosos frescos fuera de todo convencionalismo, lo que propició que  lograra un conjunto pictórico de excepcional factura y belleza, transportando al siglo XVIII uno de los milagros acaecidos en la Lisboa del Medioevo  que constituye el principal argumento de su obra y ese hecho sobrenatural se refiere al acontecimiento que  pintó en la cúpula, cuando San Antonio resucita a un hombre asesinado, quien manifiesta que la autoría de su muerte correspondió a otra persona diferente a su padre a quien se imputaba dicho crimen y así su progenitor quedó libre de toda culpa después de  haber sido injustamente acusado de ese delito.  En La pintura[15]  San Antonio se encuentra en parte de la cúpula erguido sobre una roca dirigiéndose al cadáver  y en otra parte de aquella sobre una barandilla de madera  se apoyan majas, niños jugando, mendigos y otras personas deslumbradas ante ese acontecimiento excepcional.

 

    Los frescos forman parte del último mural de Goya de una calidad y belleza extraordinarias y que el artista realizó, a veces con contratiempos y sinsabores por la dificultad de la obra, molesto porque no lograba la consecución de la armonía que buscaba. En esta muestra queda reflejada la influencia de Tiépolo en la balaustrada y de Lucas Jordán en los ángeles.

 

   En el mural los ángeles están representados por damas muy hermosas y al parecer una de ellas pudiera ser la  Duquesa de Alba y   la cúpula se apoya sobre cuatro pechinas en la que aparecen pintados diversos angelitos. En los intradoses aparecen ángeles y angelitos sosteniendo diversos cortinajes y en los semilunetos se observan ángeles.

 

  El pintor se hallaba ya restablecido de la sordera que desde  el año 1792 había minado su moral e ilusiones y comienza a pintar los frescos por encargo de Jovellanos. Su trabajo efectuado en 1798 lo realizó en 120 días estando terminado el mismo el 20 de diciembre de dicho año

  

   Sainz de Robles[16] describe la ermita y, entre las diversas apreciaciones, indica que es de planta de cruz griega y cúpula neoclásica y cita los testimonios de Elías Tormo sobre Goya de quien afirma que “hizo la decoración más profana que ningún palacio haya podido tener...” y de Maurice Barres que manifiesta que “Más de un centenar de figuras impresionantes “viven gozosamente” en la bóveda más valiosa del mundo”

 

OTRAS  CARACTERÍSTICAS DE LA VERBENA

 

    Miguel de Unamuno,[17] que fue colaborador del diario “El Sol” , entre cuyos fundadores se encuentra Ortega y Gasset (1917) , publicó diversos artículos sobre Madrid, que encabezaba con la denominación de Comentario. En ese sentido, destacamos el correspondiente al 10 de junio de 1932, que tituló: “Orillas del Manzanares”, en donde cita a Antonio Trueba, su paisano, que en 1852 publicó su “Libro de los Cantares”. Es famoso el  cantar del mencionado Antonio de Trueba y de la Quintana - natural de Montellano ( Vizcaya),[18] que alternó su residencia entre Madrid y Bilbao, conocido popularmente con el apelativo de “Antón el de los Cantares” – sobre la verbena con la que se procede a la apertura del ciclo festivo verbenero de Madrid, trova del siguiente tenor literal:  [19]

La primera verbena

Que dios envía

Es la de San Antonio

De la Florida

 

   Esa copla de Trueba capta el mensaje popular del comienzo de las verbenas, en un lugar de los más agradables de  Madrid, a fin de que se conmemore la festividad de San Antonio en la ribera del río Manzanares.

 

    Trueba, autor de una extensa y variada obra, es, por tanto, el artífice de la difusión de esa trova en relación con esa fiesta a la que algunos consideran más romería que el calificativo de verbena que le atribuye el escritor vasco.

 

      Unamuno especifica cómo en la segunda mitad del siglo XIX Trueba canta la siguiente copla:

 

“Vosotros los que bajais

el domingo por la tarde

a bailar a las alegres

praderas del Manzanares

¿no habeis visto en la Florida

medio oculta entre el ramaje

la pobre casita blanca

      de Antón el de los Cantares?...”

 

 

   También Bonifacio Gil [20] alude a la famosa copla ya citada de la Primera verbena... de Trueba y que aparece recogida  en el Diccionario geográfico popular de cantares, refranes, adagios, proverbios, locuciones proverbiales y modismos españoles, de Vergara Martín, de 1923 .

 

       Gil cita  un bello poema de Trueba sobre la llegada de la festividad de San Antonio de La Florida y que figura en la obra del escritor vasco : El Libro de los cantares, en el Tomo I de sus Obras escogidas, verbena que alcanza su auge en  la década de los años 1850 en las cercanías de la ermita, como se refleja en esa  hermosa copla:

 

Ya bajan por la cuesta

de San Vicente

doncellas y mancebos

cantando alegres;

ya el pueblo invade

la florida  ribera

del Manzanares.

 

 

                     Repican las campanas

                        de San Antonio

                y el templo abre sus puertas

                        a los devotos...

 

                          ¡Bendito sea

                    el patrón de los niños

                                          y las doncellas!

 

 

 

Mariano Sánchez Palacios,[21] en su conferencia: MADID EN SUS VERBENAS, divide aquella  como una sinfonía literaria  en dos tiempos, mientras al  primero lo denomina: Elogio de un Madrid popular que se resiste a envejecer( en Do sostenido menor), al  segundo lo  menciona como:   Del Madrid verbenero , castizo y jacarandoso ( en Sol mayor), refiriéndose  en primer lugar a la verbena que cronológicamente es la más tempranera:

la  del  13 de junio,  que según el decir popular consiste en:  “La primera verbena que Dios envía es la de San Antonio  de la Florida”

 

   En la víspera de San Antonio se pone de manifiesto el entusiasmo de los que acudían a la Florida, en ese día, procedentes de todo Madrid, en especial de los barrios más modestos, hasta que la popularidad de la verbena motivó paulatinamente  que  todas las clases sociales asistieran a esta manifestación festiva. Un numeroso colectivo de gentes: jóvenes, niños, personas maduras que portan su indumentaria con garbo y entre bromas y risas amenizan el ambiente verbenero.

 

 Diferentes aspectos de la verbena [22] singularizan a esta manifestación festiva en la que se detecta, cuando se llega al recinto, el clásico olor a churros y existen diferentes puestos para degustar los productos gastronómicos típicos como los de las  gallinejas, y  las rosquillas. En cuanto a la bebida no podía faltar ni el vino de Arganda, ni el anís de Chinchón y refrescos como la limonada, la aloja (bebida refrescante cuyos ingredientes eran arroz, miel  y especias).

 

  Se oyen las melodías  del popular organillo y se bailan, como indica Sánchez de Palacios, el “schotis”, el pasodoble, la mazurca y  la habanera. En el siglo XVIII los bailes de moda eran las seguidillas, el bolero, el fandango, la tirana y el baile de candil y como danzas cortesanas las pavanas o gallardas y bailes como jácaras, la chacona y la zarabanda.

 

   Bella prosa poética  la de Palacios[23] cuando manifiesta que: “En el atardecer de esa orgía verbenera, entre  el día y la noche, el farol de la luna, luna lunera cascabelera, pone su claridad, sus tonos plateados sobre la ermita y los contornos costumbristas de la Florida, mientras suben y bajan los caballitos, dando vueltas y vueltas como un viaje de noria sin final ni destino...”

 

 Aparte de la invocación a San Antonio para diversas peticiones, y que posteriormente indicaremos, se solicitaba  su intercesión para sanar alguna dolencia:

“Si buscas milagros, mira

Muerte y dolor confundidos...”

 

En la víspera nocturna del día 13 se bajaba ya a la verbena y desde esa noche del día 12 de junio se inicia  el acontecimiento de las verbenas por orden cronológico, como dice la copla:

 

¡Oh vísperas celebradas

de San Juan y San Pedro...¡

 

   El hecho de denominar  coger la verbena procede de la costumbre de la utilizar esa planta curativa de madrugada y llamar verbena a esas vísperas o veladas de San Juan y San Pedro.

 

   Lo que imprimió originalidad a la verbena o más que verbena romería fue que la festividad de San Antonio era lugar de encuentro de las modistillas de los barrios bajos que acudían a la ermita. Estas modistillas han sido sustituidas por esas jóvenes casamenteras que acuden a la verbena para solicitar a San Antonio su protección a fin de lograr encontrar su pareja ideal. Al escribir estas líneas  no es descabellado reflexionar que si San Valentín, cuya festividad se conmemora el 14 de febrero, es el patrón de los enamorados, tiene, en este sentido, un suplente de lujo que es San Antonio, ya que los dos santos coinciden en esa labor de interceder por ese deseo de que los novios o el matrimonio mantengan viva la llama del amor.

 

    Otra de las singularidades de la verbena consiste en la bendición y distribución de panecillos que se realiza en la misa que tiene lugar el día 13 por la mañana. Se trata de rememorar en ese acto la generosidad de San Antonio con los más necesitados a los que el Santo socorría.

 

   También  San Antonio[24] es la principal referencia entre los santos para recuperar un objeto perdido y, en ese sentido, se le reza o invoca para hallar ese objeto extraviado. Igualmente, es patrón de los pobres o más desfavorecidos y con el “pan de San Antonio”  se denomina a determinadas limosnas a fin de lograr su mediación para cumplir un deseo. Asimismo, es el Santo al que se implora para conseguir la fertilidad femenina y también es el Santo Patrón de papeleros y panaderos e igualmente de albañiles y viajeros.

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  En la tradicional verbena siempre era típico detectar los puestos de churros, los buñuelos, las frascas de vino fresco, botijos, los tíos-vivos, los puestos y casetas de tiro al blanco, los columpios, los puestos de pitos, gorros, artículos de broma etc. Hacia La Florida acudían y acuden los madrileños a disfrutar de esta simpática verbena. Las jóvenes casaderas portaban su atuendo con gracia y donaire, con una vestimenta de lunares genuinamente madrileña con su pañuelo que cubre su cabeza, el hermoso y elegante mantón de Manila, la blusa bordada y la larga falda con volantes. Eran en su mayoría las modistillas que intercedían ante San Antonio para encontrar un novio. Ellos, los mozos, iban ataviados con su indumentaria a cuadros, conjuntados con su gorra, su chaquetilla y sus pantalones, además de portar su impecable camisa blanca y sus botines relucientes.

 

   A comienzos del siglo XX era famoso un tranvía, el número ocho que partía de la Puerta del Sol y que   transportaba a la verbena a los pasajeros ávidos de honrar al Santo y de disfrutar de sus atracciones y bailes. Con ganas de juerga parece más verosímil que los chulapos optaran más por la segunda opción que por la primera. En ese sentido, para glosar la prestancia y el garbo del viajero se acuñó el dicho popular: “Más chulo que un ocho”.

 

    Las modistillas con atuendo de chulaponas para formalizar su deseo de encontrar a su pareja tenían que introducir 13 alfileres en la pila con agua bendita para posteriormente meter su mano y según los alfileres que se incrustan en aquella, así será el número de galanes que la podían cortejar, entre los que tendría opción para elegir solo uno de ellos. El hecho de que sean 13 alfileres  estriba en que parece ser que son por las 13 arras que el novio entrega a la novia en el momento de los esponsales.

 

     Existen diversos dichos o coplas populares[25] sobre la petición a San Antonio para que dote de hermosura a las jóvenes que proyectan contraer matrimonio como la siguiente:

 

      

“San Antonio bendito,

ramo de flores,

a las descoloridas,

dales colores”.

 

   También la trova que reseña el esposo ideal para casarse con cierta ironía que dice:

“San Antonio bendito,

dame un marido,

que no coma,

ni fume,

ni beba vino”.

 

 

  Era cuando las modistillas de los barrios bajos se acercaban el día 13, por la mañana, a la Ermita para pedir el novio. Con el transcurso del tiempo no solo las modistillas sino también cualquier joven soltera acudían para implorar a San Antonio a fin de que merced “a sus buenos oficios” encontrara el acompañante masculino deseado.

 

     José Gutiérrez Solana[26] en una excelente descripción de la que él denomina “Romería de San Antonio de la Florida” relata pormenorizadamente las características de esta manifestación festiva en la primera serie de su capítulo: ”Escenas y Costumbres” del año 1913 en su inolvidable libro: MADRID-Callejero, Escenas y Costumbres. Comienza su relato manifestando que ya desde la estación del Norte se inicia la feria, en donde se podían contemplar puestos de flores especialmente de claveles y geranios, así como botijos adornados y puestos ambulantes de refrescos, vendedores de mojama y de cacahuetes. Otros ya de carácter fijo en los que se pueden adquirir frutos secos. Barracas en las que figura la caricatura de personalidades de la política confeccionados con barro, juguetes infantiles, muñecas, peponas, columpios, el Tío-Vivo con caballos de cartón.

 

    Asimismo, especifica cómo se freían de los churros y la humareda negra que salía de las calderas y también cómo se lleva a cabo el tiro a través de escopetas de perdigones,  poniendo como blanco una gallina viva atada con una cuerda o pichones o perdices quienes morían víctimas de la perfidia de sus verdugos que acertaban en el blanco.

 

  Angel J. Olivares[27] rememora aquellos merenderos que los domingos por la tarde se transformaban en “postineros bailes”, situados en la Bombilla, que se inicia en la ermita de San Antonio de la Florida y finaliza en el Puente de los Franceses, merenderos como “Los Cipreses”, “la Huerta” y “Casa Juan” Junto a estos merenderos que por su categoría, según Olivares, tenían servicio y prestaciones  más propios  de restaurantes, se en encontraban otros más modestos en la ribera del Manzanares que se presentaban con una infraestructura más rudimentaria en donde no faltaban los filetes empanados y la tortilla de escabeche.

 

   Aún con cierta añoranza se rememoran lugares emblemáticos de la verbena como el parque de la Bombilla o el mismo Paseo de San Antonio de la Florida que  en esas fechas tan memorables aparecían repletos de gentes de la más variada condición social.

 

     Quien no recuerda siempre a Casa Mingo con su sidra y pollos asados que es actualmente una de las primeras referencias gastronómicas, siempre abarrotada de público, para reponer fuerzas en la verbena y sustitutiva de aquellos merenderos de antaño.

 

    Nina Epton, en la segunda mitad del siglo XIX, describe, en un breve texto, que incorpora Hugh Thomas en su obra: “MADRID-Una Antología para un viajero” [28], sus impresiones sobre la celebración de la festividad de San Antonio de la Florida en la capital del Reino.

 

     En este sentido, reseña que los que acuden a la verbena son componentes de todo un abanico social “desde los refinados adolescentes de la calle Serrano hasta las gitanas de Altamira que acuden para decir la buenaventura...” Prosigue su relato manifestando que era habitual ataviarse de manolo y respecto a las jóvenes pone de manifiesto las características de su atuendo con sus “mantones de Manila y flores en el pelo” que les confiere un aspecto elegante y vistoso. Se detecta la huella de Goya en “...las alegres escenas pintadas...en la cúpula que se alza al otro lado de la calzada”.

 

    Continua Epton su narración haciendo especial hincapié en el significado e importancia de los alfileres que portan esas jóvenes  que “son pequeños imanes que, una vez santificados con agua bendita y acompañados de una ferviente plegaria a San Antonio, le proporcionarán sin falta un novio a la muchacha...”, aunque manifiesta Epton  las más hermosas son las primeras a “ las que aguardan una multitud de muchachos dispuestos a lanzarles piropos y a invitar a bailar...”.

 

    Sigue la escritora detallando otros pormenores de la fiesta como cuando las muchachas “ponen una vela” al Santo y el momento en que un sacerdote les presenta una reliquia para que la besen...

 

     Posteriormente, reseña Epton “..cómo las muchachas ponen “una vela” al Santo...” y el hecho de la presencia de un “sacerdote...que les presenta una reliquia para que la besen...”  la escritora observa como la pila del agua del agua bendita donde van a parar los alfileres de las jóvenes se halla “ya medio llena”

 

    Igualmente, llamó su atención el hecho de contemplar a   “una muchacha rolliza que parecía rozar la treintena  y que, por consiguiente, necesitaba un novio con urgencia” Epson queda sorprendida por la fe de esta mujer que después de rezar al Santo mete su mano en la pila y se le adhieren tres alfileres...Tres alfileres colgaban de su palma...y se alzó la falda y prendió los alfileres en el dobladillo de la enagua”.

 

     La curiosidad de Epson motivó que  preguntara a la mujer  a que se debía esa acción de recoger los alfileres y guardarlos de esta forma y ésta le manifestó que era “para estar más segura” . Lógicamente esta acción garantizaba que ese año encontrara  el novio que deseaba sin necesidad de tener que volver al año siguiente para realizar el mismo ritual.

 

     También otros escritores prestaron especial atención a esta entrañable, simpática y singular verbena, con esa connotación romántica de esas jóvenes que buscan el amor de un joven en el momento más propicio en el año para cumplir su deseo. Por ello esta verbena tiene esa aureola idílica, sugerente y atractiva, manifestación festiva que atrae, como el imán de los alfileres, mencionado por Epton, a todos los madrileños, ya que aquella tiene todos los ingredientes para cautivar a los asistentes como la figura de San Antonio, taumaturgo capaz de remediar situaciones difíciles ( lograr por su intercesión que dos muchachos, varón y mujer se enamoren y se casen,  e, igualmente, para hallar los objetos perdidos o sanar enfermedades etc.).

   

   Otra valiosa versión de la verbena la aportó en 1850 Pedro Felipe Monlau[29] quien especificaba, respecto a los diferentes actos festivos que tienen lugar en la capital, los relativos a los días 12 y 13 de junio que se celebraban para conmemorar la fiesta de San Antonio de la Florida. Es cuando se procede a la “ inauguración de la verbena “ y comenta las cualidades de la planta denominada de ese modo (verbena) con “cien virtudes medicinales“, lo que motiva que un nutrido grupo de personas se dediquen a su búsqueda, aunque en lugar de “un verbenal”  se topan con una pradera repleta de “buñuelos, rosquillas, albahaca, garbanzos tostados, santitos de barro, juguetes, licores y...mucha gente”. Se trata del primer acontecimiento festivo del ciclo de verbenas y al que Monlau le otorga: “honores de romería”. La ermita es el principal polo de atracción y donde se conmemora con mayor solemnidad la festividad y el escritor finaliza su descripción manifestando que los que deseen acudir al recinto “descansados” tiene la opción de coger un ómnibus en la Puerta del Sol y abonar por ese servicio cuatro reales y así tener el derecho a poder desplazarse sentado.

 

     Luis Miguel Aparisi[30] en una documentada conferencia sobre “La Ermita de San Antonio de la Florida” menciona entre los personajes ilustres que acudieron a la verbena al rey Alfonso XIII que asistió en visita privada en el año 1900. Considera el escritor que era lógico que hubiera acudido a la Ermita y que también lo hubiera hecho a  alguno de los famosos merenderos del contorno. En estos merenderos era típico degustar callos y caracoles, productos gastronómicos muy apreciados por los madrileños.

 

SAN ANTONIO: “EL GUINDERO”

 San Antonio de la Florida[31]  es también cariñosamente conocido con el apelativo del “Guindero”   y este adjetivo se debe a uno de los milagros que, conforme a la tradición, realizó en Madrid, cuando un labrador portaba un carro con un asno con guindas y al subir la Cuesta de la Vega el jumento se asustó y las guindas se desparramaron por el suelo. Afligido el campesino procedió a recoger ese fruto y en ese momento apareció un fraile que se prestó ayudarle para efectuar esa  sufrida labor y las guindas repuestas eran más grandes y de mayor calidad que las primitivas. Cuando el labriego entró en la Iglesia de San Nicolás para agradecer al fraile su gesto contempló asombrado un retablo en el que estaba la efigie de San Antonio, cuyo rostro era igual al del  fraile que le había proporcionado auxilio. Precisamente en la Parroquia de Santa Cruz existe un retablo que narra el milagro mencionado.

 

     En 1720 era tal la veneración y popularidad del Santo que se creó la Congregación de San Antonio en la capital. Los componentes de dicha entidad fueron denominados los “guinderos”, al portar un escapulario con la efigie de una guinda y el día de su conmemoración festiva, el 13 de junio, además de llevar cerezas a San Antonio, distribuían limosnas y alimentos a los más desfavorecidos.

 

 

LA IGLESIA DE SAN ANTONIO  DE LOS ALEMANES

. Felipe II fue proclamado rey de Portugal en las Cortes de Thomar, el 15 de abril de  1581, siendo, en consecuencia  titular de las monarquías española y portuguesa,  comprometiéndose el soberano  a respetar las tradiciones y libertades lusitanas. El hecho de que Portugal se fusionara con España propició la llegada de alguno de sus habitantes a Madrid, sede de la Corte, sobre todo miembros de la nobleza.

 

  El Consejo Supremo de La Corona de Portugal  solicitó a Felipe III  autorización para crear un Hospital Real, regido por la “Irmandade de Santo Antonio dos Portugueses”, como describe en su obra el Conde de Teba [32]. El permiso real para su realización se concedió en 1604, cuando la Corte estaba asentada en Valladolid, (desde 1600 por las intrigas del Duque de Lerma que consiguió el traslado de la Corte desde Madrid a la ciudad castellana, aunque en 1606 retornaría la capitalidad a aquella). El Hospital quedó bajo el Real Amparo de Su Majestad, en virtud de su condición de Fundador y Patrón. El objetivo del Hospital era el de tener un centro sanitario a fin de que se “curasen los portugueses honrados y pobres que hubiesen en la Villa”.

 

 En 1607 se iniciaron las obras del Hospital, en la Corredera Baja, en Madrid que contó con una capilla para los enfermos de aquel y en 1608 se celebró la primera misa. En 1610 dicha capilla se abrió al público  y pronto se puso de manifiesto la necesidad de contar con un templo religioso más amplio para poder atender la demanda de los devotos del contorno. La Hermandad de San Antonio de los Portugueses acordó que se realizaran las obras, conforme al proyecto del arquitecto de la Compañía de Jesús, Pedro Sánchez y la parte frontal de la Iglesia de acuerdo con el diseño de JuanGómez de Mora. La nueva Iglesia comenzó a construirse en 1628[33] por el maestro de obras Francisco Seseña   finalizando aquellas en 1631.

 

. Por otra parte y como consecuencia de la desastrosa política centralista del Conde-Duque de Olivares, D, Gaspar de Guzmán, valido de Felipe IV, en 1640 Cataluña se rebela contra las medidas impuestas y los lusitanos no admiten la orden regia de mandar un contingente militar para sofocar la sublevación catalana, apoyada por el cardenal Richelieu. El Duque de Braganza lideró la oposición de los portugueses a favor de la rebelión catalana y el acontecimiento secesionista lusitano se decantó a favor del duque, que fue proclamado monarca de Portugal con el nombre de Juan IV. De este modo Portugal se constituyó en país independiente y se separó definitivamente de España, mientras que Cataluña siguió formando parte del Estado español.

 

   Fue la reina  María Ana de Austria la que pidió a su hijo Carlos II que le encomendara a ella  “…el Real patronato de la Iglesia, Casa y Hospital de San Antonio de Padua que en lo antiguo se nombraba de los Portugueses, con todo lo que le toca y le pertenece”.  El monarca a través de la Real Cédula, de 22 de agosto de 1689, le otorgó a su madre esa petición y fue desde esa fecha como la denominación del Hospital y de la Iglesia se modificó, pasando a llamarse Hospital e Iglesia de San Antonio de los Alemanes, en lugar de los Portugueses.

 

  La iglesia pasaría a ser  regentada por los católicos alemanes que llegaron a la capital formando el séquito de Mariana Neoburgo, futura esposa de Carlos II.

                       SAN ANTONIO, TAUMATURGO UNIVERSAL

  
Se le atribuyen numerosos milagros de los que pueden citarse  aquel en el que un equino rechazaba la alimentación hasta que el Santo se postró de rodillas implorando la intercesión de Jesús y el caballo empezó a comer la avena que se le ofrecía. En otra ocasión unos italianos le dieron alimentos con veneno y haciendo la señal de la Cruz consiguió sanar y eliminar las toxinas.

 

 Asimismo cuando en uno de sus sermones al aire libre logró sorprendentemente que sobre el público que le escuchaba no cayera ni una gota de agua o cuando predicando desde el púlpito advirtió que el mismo por la intercesión maléfica del demonio  se vendría abajo y milagrosamente no fue  dañado ninguno de los feligreses ni el propio San Antonio o también en el momento que censuró a un joven que había maltratado a su madre con el pie y el muchacho arrepentido se amputó un pie, consiguiendo San Antonio que el pie fuera unido a su correspondiente pierna como si nada hubiera ocurrido.

 

 Otro de los afamados hechos sobrenaturales del Santo ocurrió cuando llegó a Rímini y se dispuso a pronunciar una homilía, observando sorprendido desde el púlpito que no había un solo feligrés en el templo por temor a los herejes cátaros. Lejos de desanimarse San Antonio se fue a orillas del Mar Adriático e inició su sermón con tal vehemencia que los peces asomaron sus cabezas escuchando   sus palabras. Esta homilía se ha comparado con la que San Francisco de Asís  dirigió a los pájaros.

 Otro famoso milagro [34] se debió cuando en Camposiero, cerca de Padua, en el momento que el conde Tiso que había cedido su castillo para alojamiento de los franciscanos  pasó para inspeccionar las habitaciones de los franciscanos antes de acostarse y observó sorprendentemente que en el aposento de Antonio, se encontraba el Santo  que tenía en sus brazos a  un niño que no era otro que el Niño Jesús. Rogó Antonio al conde que no contara nada de lo que había visto, pero una vez que falleció el Santo el noble se vio liberado del compromiso y divulgó el hecho sobrenatural.

 

 Otro acontecimiento prodigioso tuvo lugar cuando un joven novicio huyó del convento con un libro muy apreciado por el Santo que contenía diversos salmos. Según la tradición el novicio regresó merced a los rezos de San Antonio y le devolvió el documento.

 

  Uno de los milagros más populares,  que le proporcionó fama al Santo como casamentero, fue cuando una joven y su madre, viuda, solicitaron al Santo mediante súplicas y oraciones un joven para que pudiera desposarse con la chica y viendo que no conseguían su objetivo, ya sin esperanzas, arrojaron la imagen de San Antonio por la ventana y la misma cayó sobre la cabeza de un varón. El enfadado joven subió  para protestar por el impacto recibido y posteriormente bajó a la calle con gran satisfacción porque había encontrado su media naranja, la mujer que amaba. Este repentino enamoramiento del joven aconteció gracias a la mediación del Santo.

 

LAS ZARZUELAS Y SAN ANTONIO DE LA FLORIDA

 

En la segunda mitad del siglo XIX la zarzuela alcanzó su momento álgido cuando se estrenó la Gran Vía de Chueca, en 1866. En la última década del siglo XIX hubo una gran profusión de estas piezas musicales y en 1894 se estrenó en el Teatro Apolo un de las obras más emblemáticas: “La Verbena de la Paloma” de Tomás Bretón. Esta obra se encomendó inicialmente a Chapí y como libretista a Ricardo de la Vega.

 

   También en ese mismo año y en el citado teatro se estrenó el 26 de octubre la zarzuela: “San Antonio de la Florida” [35]con música de Isaac Albéniz y libreto de Eusebio Sierra, seudónimo de Eusebio Cuerno de la Cantolla. Esta obra[36] se escenifica en un ambiente goyesco y tiene como protagonistas al liberal Cifuentes cuyo amor es correspondido por Irene, pero su madre, Ascensión, no ve con buenos ojos para su hija este idilio, deseando que contrajera matrimonio con un hombre más mayor, Don Lesmes, perteneciente al bando realista de Fernando VII y, por tanto, de ideas políticas opuestas a Cifuentes enfrentado al absolutismo del monarca.

 

  Montero Alonso[37] reseña que aunque la zarzuela “San Antonio de la Florida” fue acogida en su estreno por parte del público con agrado, no respondió la crítica con el mismo entusiasmo, tachando a Albéniz de haber puesto compuesto una música excesivamente técnica de un nivel superior al libreto de Sierra.

 

  En 1931, en el teatro Pavón, fue estrenada la obra lírica “Las Leandras”, cuya composición musical es de Francisco Alonso y los libretistas Emilio González del Castillo y José Muñoz Ramón. Las Leandras además de incluir el popular y conocido Chotis: Pichi y el pasacalle Los Nardos, igualmente, además de otras escenas, contiene una habanera, en la que La Aurelia y Paco El Garboso[38] entablan un diálogo en el que en uno de los apartados aquella se dirige a éste y le canta:

 

” Llévame a la verbena de San Antonio,

que por ser la primera no hay que faltar...

Juntos, que parezcamos un matrimonio,

no haga el demonio

que una chulapa me amargue

el día de San Antonio

porque le guste coquetear.

 

  Paco  El Garboso la responde:

¡Arza pa la verbena de San Antonio,

que todos los bailes quiero contigo echar!

 

  Aurelia le contesta:

Llévame del bracero, chulapo mío,

pues yendo suelto yo no me fío

si entre el gentío

te perderás...”

 

  Asimismo, en la famosa zarzuela: “Luisa Fernanda”, del compositor Federico Moreno Torroba y los libretistas Guillermo Fernández Shaw y Federico Romero, estrenada el Teatro Calderón de la capital el día 26 de marzo de 1932,  se incluye una marzurka  que hace alusión al Santo y a las excesivas peticiones que recibe para interceder por las jóvenes  que quieren buscar novio y contraer matrimonio:

 

“A San Antonio

como es un Santo

casamentero,

pidiendo matrimonio

le agobian tanto,

que yo no quiero

pedirle al Santo

más que un amor sincero.”

 

  Entre libretistas y compositores la fama se decanta a favor de estos últimos. La parte musical es la más conocida y recordada y así, entre otros, podemos mencionar a los compositores: Chapí, Chueca, Bretón, Barbieri, Gaztambide, Arrieta, Guerrero, Moreno Torroba y Sorozábal.

 

     Madrid, 9 de junio del 2018        L. Regino Mateo del Peral

 

Referencias:

 

[1]  RÉPIDE, Pedro de. MADRID, Visto y sentido, Costumbres y devociones madrileñas.  JUNIO, GALÁN. Coedición 1ª Tenencia de Alcaldía del Ayuntamiento de Madrid y Ediciones la Librería. Edición publicada en 1948 por la Sección de Cultura e Información del Ayuntamiento.  Madrid, 2002. Pp. 111-118

[2].RÉPIDE, Pedro. Las Calles de Madrid. Florida (Paseo de la). Afrodisio Aguado, S.A. Quinta Edición. Madrid, 1885. P. 273. Afrodisio Aguado, S.A. Quinta Edición. Madrid, 1885. P. 273.

 

[3] . TOVAR MARTÍN, Virginia . “Aspectos del urbanismo madrileño en el siglo XVIII. Madrid-tres siglos de una capital: 1702-2202”. Catálogo editado con motivo del tercer centenario de Caja-Madrid. Madrid, 2202. Pp. 43-54..

 

[4] “Paseo por Madrid o Guía del Forastero en la Corte”. Facsímil de la edición de Madrid de 1815. Publicación Abella. El Consultor de Los Ayuntamientos. Madrid, 1985.  Pp. 2 y 99

[5] SEBASTIÁN CASTELLANOS, Basilio. Anticuario de la Biblioteca Nacional. El Bibliotecario y El Trovador Español. Semanario de escritos antiguos. Costumbres Españolas. “De las verbenas de S. Antonio, S. Juan y S. Pedro”. Imprenta de I. Sancha. Madrid, 1841. . Pp.53-55.

[6] FLORES, Antonio. Museo de las Familias. Lecturas Agradables e Instructivas. Tomo VII. Costumbres españolas. Un año en Madrid.. ( En las citadas páginas el autor  especifica algunas características de la Fiesta del Corpus y de las verbenas de San Antonio, San Juan y San Pedro). El Museo de las Familias fue una de las tantas publicaciones que dieron esplendor al costumbrismo de la época Madrid, 1849 .Pp. 143-144.

[7] MORENO CHICHARRO, Francisco. “San Antonio de la Florida: Historia y Arte. “Los festejos de junio”. Pp. 11-18. Ob. Cit.

[8] MORENO CHICHARRO, Francisco “SAN ANTONIO DE LA FLORIDA”. Historia y Arte. Capítulo V. San Antonio de Padua (1195-1231). Señas de identidad. Edición patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento de Madrid-Junta Municipal de Moncloa- Aravaca. Madrid, 1992. Pp.91-98.

 

[9] MORENO CHICHARRO, Francisco. SAN ANTONIO DE LA FLORIDA-HISTORIA Y ARTE. CAPÍTULO SEGUNDO. PRIMEROS TIEMPOS HASTA FONTANA. Junta Municipal de Moncloa Aravaca. Madrid, 1992. Pp. 19-28

 

[10]Los hermanos Churriguera eran Juan, José Benito ( que fue el más famoso), Joaquín y Alberto, autor de la Plaza Mayor de Salamanca.

[11] SEPÚLVEDA, Ricardo. “MADRID VIEJO”. Costumbres, leyendas y descripciones de la Villa y Corte en lo siglos pasados, con un prólogo de Pérez de Guzmán y cuatro palabras de Julio Monreal. (Ilustraciones de Comba). (Foto-grabados de Thomas). Librería de Fernando Fe. Carrera de San Jerónimo, 2. MADRID, MDCCCLXXXVII. Pp.37-41

[12] MONTOLIÚ. Pedro. “San Antonio de la Florida”. “Fiestas y Tradiciones Madrileñas”. “El calendario festivo” Editorial Silex, Madrid, 1990. Pp. 223-231. 

 

[13] . GARCÍA GUTIÉRREZ, Pedro F. y MARTÍNEZ CARBAJO, Agustín. “Iglesias de Madrid” “La Ermita de San Antonio de la Florida. ”. Volumen Especial. 2 edición. Editorial Avapiés. Madrid Pp. 255-169.

 

[14] [PDF]Convenio entre el Consejo de Administración del Patrimonio Nacional ...

https://www.patrimonionacional.es/entityprint/node/8989

 

[15] GOYA. La obra pictórica completa. Clásicos del Arte. Noguer-Rizzoli Editores. Editoria Noguer, S.A. Barcelona-Madrid. Barcelona. 1976 .Pp.111-114.

[16] . SAINZ DE ROBLES, Federico Carlos. “MADRID. Crónica y Guía de una Ciudad . ImparEspasa Calpe, S. A. Madrid, 1962. ”. Pp.528-530.

[17] UNAMUNO, Miguel de. “Orillas del Manzanares”. Diario El Sol, 10 de junio. Madrid, 1932

[18] ESTORNÉS ZUBIZARRETA, Idoia.  Trueba y de la Quintana Antonio de Bernardo Estornés Lasa-Auñamendi Entziklopedia. Página Web. www.euskomedia.org

[19] RÉPIDE, Pedro de “MADRID”- “Visto y sentido por Pedro de Répide”. Ediciones la Librería-1ª Tenencia de Alcaldía del Ayuntamiento de Madrid. Pp.111-118. Costumbres y Devociones madrileñas. “Junio Galán”, Madrid, 2002. Edición facsímil. Sección Cultura e Información. Artes Gráficas Municipales. Madrid, 1948

[20] GIL, Bonifacio. “La Fama de Madrid”.” Fiestas y Costumbres”. Según la tradición popular, sacada de refranes, coplas, canciones, romances y leyendas de todas las regiones españolas y países hiapanoamericanos. Ediciones Acies. Capítulo XXXIV. Madrid, 1958. Pp. 195-211.

[21] SÁNCHEZ DE PALACIOS, Mariano. “ MADID EN SUS VERBENAS (Sinfonía literaria en dos tiempos)” . Aula de Cultura . Ciclo de conferencias sobre Fiestas y Costumbres madrileñas. Ayuntamiento de Madrid (Concejalía de Cultura) . Instituto de Estudios Madrileños del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid nº 4 .1985. Pp. 1-24.

 

[22]. SÁNCHEZ DE PALACIOS, Mariano Madrid en sus verbenas (Sinfonía literaria en dos tiempos). 2º Del Madrid, verbenero, castizo y jacarandoso. Pp.9-23. Ob. Cit.

[23] SÁNCHEZ DE PALACIOS, Mariano P.12 Ob. Cit.

[24]  Pagina Web.  Vida de Santos y personas ejemplares. San Antonio de Padua. www.corazones.org/santos/a. santas-vidas htm-.

[25]PáginaWeb.mensual.prensa.com/mensual/contenido/2004/02/14/hoy/revista/1520105.. html - 29k – Jorge de las Casas.

[26]  GUTIÉRREZ SOLANA, José. Madrid-Callejero- Escenas y costumbres. Asociación de Libreros de Lance de Madrid. XXIV Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. “VII: Romería de San Antonio de la Florida”. Escenas y Costumbres. Primera Serie. 1913. Madrid ,2000. Pp. 239-242.

[27] OLIVARES PRIETO, Ángel. “Rincones del Viejo Madrid” “San Antonio y los merenderos de la “Bombi” 3ª edición. Ediciones La Librería. Madrid, 2002. Pp.225-230.

[28] HUGH, Thomas. “MADRID-Una Antología para el viajero. Selección e Introducción. 204: Procesiones y fiestas. San Antonio de la Florida. La Fiesta (13 de junio) a mediados del siglo XIX ( Nina Epton )”. Ediciones Grijalbo, S. A. Barcelona, 1988. Pp. 374-376.

 

[29] MONLAU, Felipe Pedro. “Madrid en la mano o El amigo del forastero en Madrid y sus cercanías”. Edición facsímil de la efectuada en 1850 con motivo de la celebración de la IX Feria del Libro Antiguo y de Ocasión y realizada por la Comisión Organizadora. “Capítulo XII. Teatros, Diversiones y costumbres populares”. Pp.325-328.  En la edición de 1850 se cita que se trata de una:  Edición adornada con retratos, grabados intercalados en el texto, láminas sueltas, y el plano de Madrid. Imprenta de Gaspar y Roig. Editores: calle del Príncipe núm 4. Madrid, 1850. La  edición facsímil fue publicada en Madrid en 1985.

[30] APARISI LAPORTA, Luis Miguel. “La Ermita de San Antonio de la Florida en el Madrid de Alfonso XIII”. Aula de Cultura. Ayuntamiento de Madrid e Instituto de Estudios Madrileños. Ates Gráficas Municipales. Madrid, 1997. Pp.10-12.  Durante la minoría de edad del rey Alfonso XIII fue regente de la monarquía su madre María Cristina de Habsburgo, hasta que en 1902 cuando cumplió los 16 años  fue reconocido y declarada  su mayoría de edad y el rey presidió su primer Consejo de Ministros, con Sagasta como Jefe del Gobierno, el 17 de mayo de dicho año.

[31]SESEÑA. Natacha. “Folklore”. Madrid  y su provincia. Agedime. S.L. Editorial Mediterráneo. Madrid,1991. Pp.201-216

 

[32] .  GULLÓN E ITURRIAGA;, José María, Conde de Tepa. Breve historia de la Santa, Pontificia y Real Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid. Hospital e Iglesia de San Antonio de los Portugueses. Pp. 33-42. Hermandad del Refugio. Ediciones la Librería. Madrid, 1995.

[33] .GARCÍA GUTIÉRREZ,  Pedro F y MARTÍNEZ CARBAJO Agustín F. “IGLESIAS DE MADRID”. Iglesia de San Antonio de los Alemanes.. Volumen especial.  Editorial Avapiés. Madrid, 1993. Pp. 135-142.

[34] MORENO CHICHARRO, Francisco. “San Antonio de la Florida. Historia y Arte”. Capítulo Sexto: San Antonio de Padua (Señas de Identidad. Un Santo muy popular). Pp. 93-96. Ob. Cit.

[35] MOTOLIÚ CAMPS, Pedro. “Fiestas Y Tradiciones Madrileñas”. San Antonio de la Florida. Pp. 230-231. Ob Cit.

[36] Página Web. “Una Zarzuela Goyesca”. Isaac Albéniz-Albéniz lírico.

  www.fideliomusica.com

[37] MONTERO ALONSO, José. ”Albéniz estrena San Antonio de la Florida” Crónica de Madrid. Paza y Janés Editores, S.A. Esplugues de Llobregat, 1990. P. 332.

[38] Página Web Zarzuela! Text.http: www.zarzuela.net/text/text-013.htm

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