ENTREVISTA DE LA DRA. NURIA LORITE AYÁN (LA VIDA BILOBA)  

A L. REGINO MATEO DEL PERAL, MIEMBRO NUMERARIO  DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS MADRILEÑOS,  

EX PROFESOR-TUTOR DE HISTORIA DE LA UNED Y EX JEFE DEL DPTO. DE PROGRAMACIÓN CULTURAL DEL AYUNTAMIENTO DE MADRID, SOBRE:

 

POSIBLES RAZONES  PARA QUE FELIPE II DESIGNARA A MADRID, EN 1561,  COMO SEDE PERMANENTE  DE LA CORTE. (episodio 114)

©del autor

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  1. -INTRODUCCIÓN

La designación de Madrid[1] por Felipe II, en 1561, como sede permanente de la Corte ha suscitado el interés de cronistas e  historiadores, sobre cuáles pudieron ser  las posibles razones que motivaron la sorprendente  elección de  esta opción por el soberano, frente a ciudades de mayor relevancia. ¿Por qué Felipe II escogió a Madrid para el traslado de su Corte desde Toledo, la ciudad imperial . En el debate de esa elección de la Villa subyace la polémica de si esos motivos fueron geográficos, estratégicos, sociales, políticos, religiosos o también humanos y recreativos.

 

Si Toledo era la sede itinerante de la corte de ese imperio y contaba con infraestructuras suficientes para asumir la capitalidad. ¿Qué razones impulsaron a Felipe II para modificar esa sede y efectuar su traslado? ¿Qué méritos o factores positivos tuvo la Villa madrileña para ser elegida y desplazar a Toledo de ese privilegio, además de descartarse a otras ciudades más relevantes?. Esa fue la decisión más  importante  del reinado de Felipe II , en el sentido de cómo y por qué  pudo fijarse en  una localidad, optando que fuera ella sede de permanente de la Corte, cuando, excepto el Alcázar, tenía unos edificios escasos para albergar  a una nutrida población que procedía de Toledo y otras infraestructuras insuficientes con una connotación semirural y un número de habitantes que oscilaba, conforme a las cifras que barajan los historiadores  entre los 10.000 y 20.000 habitantes. A raíz del establecimiento  de la Corte la ciudad incrementó notablemente su extensión y su población.

 

Santos Juliá[I] analiza en el País, de 1 de junio de 1988, en su Tribuna Libre, el acontecimiento  al que titula: Madrid, por fin capital de España, desde que fue “un poblachón mal construido en el que no había nada que hacer” hasta la capital de nuestros días. Madrid una vez que ya no es Corte al proclamarse la Segunda República en 1931se transformó en capital  de esta nueva forma de Estado y así es definida en la Constitución  republicana de 1931(  <<Artículo 5. La capitalidad de la República se fija en Madrid>>).  posteriormente, pero ya durante la Dictadura franquista es, igualmente, catalogada  oficialmente  como capital en la Ley de Régimen Especial de Madrid, de 11 de julio de 1963 y después en la Constitución de 1978 (<<Artículo 5: La capital del Estado es la villa de Madrid>>). En el año 2006 se promulgó una nueva Ley de Capitalidad y de Régimen Especial de Madrid.   .

 

 

II.- LA CORTE ITINERANTE.-

La Corte [II]de los diferentes reinos cristianos de la Europa occidental fue itinerante hasta prácticamente el siglo XVI,  ya que los monarcas tenían que desplazarse a sus reinos periódicamente, con la consiguiente molestia de tener que trasladarse con su aparato regio y cortesano

 

Los súbditos de esos reinos disfrutaban de la presencia de su rey durante su estancia en la época que les visitaba. El rey como señor natural era recibido con muestras de regocijo y su llegada al reino se efectuaba con solemnidad y un ceremonial acordes con su relevancia y la presencia “in situ” de los soberanos era el momento propicio que se aprovechaba para rendirlos homenaje.

 

III.- LA NECESIDAD DE LA CORTE PERMANENTE:

  Como consecuencia de la formación del Estado moderno en el siglo XV, que supuso el comienzo de la Edad Moderna, esa estructura de la monarquía adquirió mayor complejidad, precisando de una sede fija.  Se puso  de manifiesto la necesidad de adecuar a los nuevos tiempos las ya caducas instituciones estatales medievales para actualizar  las monarquías autoritarias,  de nuevo cuño, con un ejército estable y profesional, una burocracia y una diplomacia permanente. Los soberanos más relevantes de esas monarquías fueron en España, los Reyes Católicos; en Inglaterra, Enrique VIII; y en Francia, Luis XII.

 

IV .-LOS AUSTRIAS: HEGEMONÍA Y DECADENCIA .

   En la inacabada Historia de España II[III] de Luis García de Valdeavellano -por el inesperado fallecimiento de su autor clasifica el historiador en la Introducción de su excelsa obra doce periodos que distingue conforme a los diferentes hechos y acontecimientos que se suceden en el tiempo, desde la Prehistoria  hasta la Segunda República en 1931. La época de los Austrias la enmarca en el octavo ciclo, etapa que corresponde al dominio y auge del Imperio español en Europa y América que  convirtieron a nuestro país en la primera potencia mundial con Carlos I y Felipe II.

 

La hegemonía hispana  se acrecienta con los Austrias: Carlos I de España y V de Alemania y Felipe II hasta 1598, en que asume, al fallecer el soberano, la Corona su heredero Felipe III,  punto de partida del noveno periodo que menciona Luis García de  Valdeavellano y que se caracteriza por la decadencia hispana debido en gran parte a esos Austrias Menores, que Valdeavellano denomina: Austrias holgazanes (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) y que lejos de encargarse de las tareas de gobierno entregan el poder en manos de determinados favoritos o privados. Por ello, el insigne historiador califica a esta etapa como la <<época de los Validos>>, de los que, entre otros, formaron parte el duque de Lerma y el duque de Uceda en el reinado de Felipe III; Baltasar de Zúñiga, el famoso conde-duque de Olivares don Gaspar de Guzmán -el  valido quizás más relevante, cuya radical política centralista fue el elemento desencadenante de la separación de Portugal y que a punto estuvo de afectar, también, a Cataluña- y Luis de Haro, durante Felipe IV; y el jesuita Juan Everardo Nithard, Valenzuela, Juan José de Austria y Aragón, el duque de Medinaceli y el conde de Oropesa que ostentaron esa condición con  el último monarca de la dinastía de los Austrias, Carlos II. Sobre el tema de los validos existe una interesante investigación coordinada por José Antonio Escudero III [IV] y que cuenta con prestigiosos colaboradores como Luis Suárez Fernández y el propio José Antonio Escudero y que analizan esa extensa etapa del valimiento desde los primeros validos, don Álvaro de Luna y Juan Pacheco hasta el considerado como  último valido de la monarquía española: Manuel de Godoy.

 

V.- POSIBLES MOTIVOS PARA QUE MADRID FUERA LA ELEGIDA POR EL MONARCA.

La elección de Madrid , según describe Manuel Fernández Álvarez, como sede permanente  constituye uno de los hechos más relevantes de la Edad Moderna.[V] Así como Roma en la Edad Antugua  y París y Londres en la Edad Media ostentaron la capitalidad  , la designación de Madrid por Felipe  II como sede permanente de la Corte  va a suponer una importante reforma de la Monarquía en varios sectores .  El cronista de Felipe II Luis Cabrera de Córdoba menciona la transcendencia de este acontecimiento y así manifiesta:

 

<<Era razón-nos dice- que tan gran Monarquía tuviese ciudad que pudiese hacer el ofiicio de corazón, que su principado y asiento está en medio del cuerpo para ministrar igualmente su virtud a la paz y a la guerra de todos los estados…>>

 

En cuanto a la fecha del traslado Fernández  Álvarez[VI]  reseña como ya en 1961, en los estudios realizados conjuntamente con el profesor  Constantino  Rodríguez llegaron a la conclusión que ya en 1561 hubo  modificaciones importantes  como el relevante traslado  a Madrid del Consejo Real, el 6 de junio del citado año.

 

También, ya el 18 de marzo, según  Fernández Álvarez, el monarca había solicitado al Consistorio madrileño que le proporcionara información  en relación con  que posibilidades contaba Madrid para el suministro de carne  y que el 14 de abril tuviese noticia de esta petición. En concreto:

 

       <<…de la vecindad que hay en esta Villa y la calidad del caudal de cada uno…>>

 

La decisión hermética del rey solo  era conocida por unos pocos allegados,  como Vargas, el duque de Feria y su cuñado Maximiliano. Igualmente, merced a la información proporcionada por el Duque de Feria, La Compañía de Jesús aprovechó esa circunstancia para  desplazarse a Madrid y  crear en 1559 un centro docente, que posteriormente sería el Colegio Imperial.

 

Fue en mayo de 1961cuando el Concejo de Madrid mediante una Cédula real del monarca le que había enviado el monarca desde Toledo le comunica el traslado de la Corte. Manuel Fernández precisa que actualmente se sabe en qué mes Felipe II traslada  su Corte  a la Villa, que fue a comienzos del mes de junio, pero las medidas para llevar a cabo tan complejo desplazamiento ya se habían tomado por el Rey anticipadamente. De este modo, el monarca, el 8 de mayo, ya había dado instrucciones a los aposentadores regios para que adoptaran las medidas a fin de prever el alojamiento de tantos miembros de la Corte, con la finalidad  de que ese aposento fuera ordenado y se realizara adecuadamente, tratando que no se produjeran excesos. De tal manera que:

 

<<…a ninguna persona, de ninguna cualidad y preeminencia que sea, no daréis ni señalaréis para aposentamiento de su persona y mujer e hijos más de una sola posada…>>

 

Se temía  que ese traslado masivo pudiera sobrepasar las previsiones regias, considerando que ya no se trataba de un desplazamiento itinerante, sino la de establecer en Madrid con carácter ya fijo tanto al Rey, como a los miembros de la Corte y todo el aparato estatal y gubernamental, además del estamento nobiliario con sus acompañantes.

 

  El rey sabía de esas dificultades de vivienda y aposento que se iban a originar e intentó controlar esa afluencia masiva de gentes de cualquier condición social, incluso el acondicionamiento de familias y solteros.

 Por ello dicta normas relativas a este tema para paliar los efectos de este masivo traslado como se menciona en otra disposición del monarca:

 

<<Pareciéndonos que para la mucha gente que hay en nuestra Corte habrá estrechura en la Villa, para que todos nuestros gentileshombres de la boca y de nuestra casas, y capellanes y continuos, aposentadores, alguaciles y otros nuestros criados, que tienen asientos y salarios en nuestros libros, que a todos estos se les pueda dar a cada uno una posada>>.

 

El monarca se percataba que no era lo mismo alojar a solteros que a familias que lógicamente precisaban de mayor espacio. Por ello insiste en que:

<<Tenéis en la mano en aposentar a los que no fueren casados de dos en dos o como os pareciere>>.

 

  Felipe II, como se puede deducir de la lectura de esa instrucción, otorga un margen de confianza a los aposentadores, a fin de que a la vista de los problemas que se pudieran producir realizaran sus cometidos como estimaran conveniente, de acuerdo con la razón y las necesidades.

 

La masiva llegada de personas , como indica José del Corral, [VII]es la que obliga al soberano a promulgar un edicto denominado: la <<Regalía de Aposento>>, con la finalidad de regular el establecimiento de los nuevos inquilinos, propiciando que se evitara la llamada <<Picaresca de las casas a la Malicia>>.

 

En el terreno de las conjeturas a favor de la elección de la Villa cabe reseñar diversos argumentos como los de : si la Villa gozaba de un clima óptimo, con aires sanos y aguas abundantes de indudable calidad; si disponía una  vegetación abundante, zonas de recreo y ocio para los cazaderos, a la que era tan aficionado el rey;  si se trataba de una  ciudad  poco conflictiva, en la que la Monarquía no iba a encontrar  problemas y rivalidades de carácter político y religioso;   si la situación de Madrid en el centro del país desde el punto de vista estratégico era idónea para esa opción, máxime cuando estaba enclavada en el corazón de Castilla, el reino que tenía que asumir los cuantiosos gastos exigidos por los monarcas.

 

   Otras tesis que se barajan eran las de  si Madrid era una urbe que el rey podía configurar a su manera; si sensibilizó al monarca  elegir a la Villa, dada  la proximidad de la sierra castellana, en donde podría encontrar el lugar en el que edificaría un gran Monasterio y panteón, en virtud de la promesa efectuada por su victoria, en la batalla de San Quintín, el día de San Lorenzo. Según esta versión más actualizada no es que eligiera Madrid en función del Monasterio de El Escorial, sino- <<a contrario sensu>>- una vez que la urbe es designada sede permnente es cuando se planifica el sitio en donde se construirá ese grandioso edificio.

 

  . Geoffrey Parker [VIII] alude al comentario  de Fray José Sigüenza ( 1544-1606)., de la Orden de los Jerónimos, bibliotecario  de El Escorial,  prestigioso escritor, que motivó la elección del rey de Madrid como Corte, cuando manifestó:

 

<<...que comenzó a poner los ojos en donde asentaría su Corte, entendiendo cuan importante es la quietud del príncipe, y estar en lugar para allí proveerlo todo, y darle vida, pues es el corazón del cuerpo grande de España. Conténtole sobre todo la Villa y comarca de Madrid, porque es el medio y centro de España, donde con más comodidad pueden acudir a todas partes>>.

 

       Tenía, Madrid igualmente, otras ventajas como la de su situación en un lugar privilegiado en una zona próxima a diversos palacios y lugares para el esparcimiento de la realeza. En este sentido, Alvar Ezquerra[IX] indica:

 

<<en el centro había lugar para la administración (Madrid), y para el recreo (todos los palacios que van desde Aranjuez hasta incluso Valsaín, sin olvidarnos de Aceca, para Dios y para la Sabiduría (El tiempo como templo y biblioteca) >>.

 

  Álvarez[X] consultó en el Archivo Imperial de Viena,   diversas  cartas  de Felipe II, de 1554, enviadas a su hermana María y a su cuñado Maximiliano,  donde se pone de relieve  la preferencia del monarca por Madrid:

 

   <<Ayer vine aquí, a Toro, a donde me pienso holgar ocho o diez días, para irme después a trabajar a Madrid>>.

 

Mesonero Romanos[XI] analiza también los motivos que pudieron propiciar la elección de la Villa como sede de la Corte y cuáles pudieran ser las razones que pesaron en el ánimo de Felipe II para tomar esa decisión.  Manifiesta que la Villa respondía a los perfiles para políticamente ser:

 

<<una capital nueva, única y general a todo el reino, ajena a las tradiciones, simpatías o antipatías históricas  de las anteriores , y que pudiera ser igualmente aceptable a castellanos y aragoneses, andaluces y gallegos, catalanes y vascongados, extremeños y valencianos…>>

 

También hay que considerar la situación privilegiada de Madrid en la meseta,[XII] en el centro  estratégicamente equidistante con el Mediterráneo para sus relaciones comerciales e institucionales con Italia y el norte de África ; del Oceáno Atlántico, que le permitía a través de Sevilla el dominio y vigilancia del comercio con América;  y del Mar Cantábrico, vía de comunicación idónea para  las relaciones comerciales con Flandes y el norte de Europa. Asimismo,   esa posición central mesetaria beneficiaba a Madrid de la proximidad de las universidades de mayor prestigio, como pudieran ser las de Alcalá, Salamanca y Valladolid. Igualmente, se hallaba la Villa cercana a  localidades  en donde había ferias, con una destacada  actividad mercantil, como Segovia, Toledo, Medina del Campo y Burgos.

 

IV. -EL DESCARTE DE OTRAS CIUDADES Y RAZONES DEL TRASLADO DESDE TOLEDO.

 

   Luis Cabrera de Córdoba (1569-1623) , cronista real de la época,   constató respecto al monarca la preferencia de Madrid sobre Toledo, como reseña José Cepeda Adán[XIII],   cuando indica Cabrera  que :

 

<<...juzgando la incapaz habitación de Toledo...determinó poner en Madrid su real asiento y gobierno de su Monarquía...bien proveída de mantenimientos por su comarca abundante, buenas aguas, admirable constelación, aires saludables, alegre cielo y muchas cualidades naturales...>>

 

      Igualmente,  Cepeda  analiza el descarte de algunas ciudades.  Valladolid donde se habían celebrado dos llamativos autos de fe contra la herejía protestante. También cita  a  Gregorio Marañón, quien reseñó el fuerte arraigo comunero en la ciudad imperial. Asimismo, al hecho que los señores toledanos no veían con buenos ojos la molesta convivencia de la Corte y el proceso inquisitorial abierto contra el arzobispo Carranza, caído en desgracia ante el rey, que enconó aún más la relación entre la iglesia toledana y la monarquía.

 

  El conflicto acaecido  el 28 de enero de 1559  en el que se encontró inmerso el Primado de Toledo y el Corregidor, con un grave enfrentamiento entre el poder eclesiástico y civil, es descrito pormenorizadamente por Alfredo Alvar Ezquerra [XIV] , quien,  alude por otra parte,  al texto del poema, atribuido a Sebastián de  Horozco, en el que los toledanos muestran su hastío por tener que soportar a la Corte :

 

<< Estamos tan hartos ya/ de lidiar con esta Corte. /. Esperamos cada día/ cuando se tiene que ir/ que según la carestía. / Si la Corte aquí porfía/ nos hemos de consumir. / Ellos viven descontentos/ y nosotros desgastados...>>

     Alvar [XV] indica, menciona en una expresión  muy significativa  el poder eclesiástico en Toledo:

 <<...la población giraba mucho más alrededor/ de la Mitra que de la Corona>>.

 

El rey sabía las dificultades de vivienda y aposento que se iban a originar e intentó controlar esa afluencia masiva de gentes de cualquier condición social, incluso el acondicionamiento de familias y solteros y. Por ello dicta normas relativas a este tema para paliar los efectos de este masivo traslado como se menciona en otra disposición del monarca  como reseña Fernández Álvarez [XVI]:

 

<<Pareciéndonos que para la mucha gente que hay en nuestra Corte habrá estrechura en la Villa, para que todos nuestros gentileshombres de la boca y de nuestra casas, y capellanes y continuos, aposentadores, alguaciles y otros nuestros criados, que tienen asientos y salarios en nuestros libros, que a todos estos se les pueda dar a cada uno una posada>>.

 

El monarca se percataba que no era lo mismo alojar a solteros que a familias que lógicamente precisaban de mayor espacio. Por ello insiste en que:

<<Tenéis en la mano en aposentar a los que no fueren casados de dos en dos o como os pareciere>>.

 

  Felipe II, como se puede deducir de la lectura de esa instrucción, otorga un margen de confianza a los aposentadores, a fin de que a la vista de los problemas que se pudieran producir realizaran sus cometidos como estimaran conveniente, de acuerdo con la razón y las necesidades.

 

     Una vez que la Corte dejó Toledo más de uno de sus habitantes se lamentó de esa decisión por el prestigio, la prosperidad y la historia que le había dado la capitalidad  a la ciudad imperial. Lo cierto es que a raíz de ese acontecimiento la ciudad ya no recuperaría el  esplendor de antaño.

 

   Por otra parte, Mesonero Romanos,  cita los irónicos versos de Quevedo  que satiriza y muestra su aversión por Valladolid y Toledo para  que fueran  sede de la Corte:

 

Respecto a Valladolid dice Quevedo:

 

<<Vienes a pedirme raso/ en Valladolid la bella,/  donde hasta el cielo no alcanza/ un vestido de esta tela>>.

 

En cuanto a Toledo reseña:

 

<<Vi una ciudad de puntillas/ y fabricada en un huso,/ que si en ella bajo, ruedo;/y trepo en ella, si subo>>.

  

  Asimismo, Manuel Álvarez[XVII]  reseña  el testimonio de Gonzalo Pérez, secretario del monarca, que en 1561 vacilaba aún sobre si era Segovia o Madrid la elegida, teniendo en cuenta que las dos ciudades poseían Alcázar real y se hallaban próximas a la sierra, en donde Felipe II quería que se construyera el famoso monasterio, pero, como indica el historiador, el monarca ya había tomado la determinación de que fuera en Madrid por reunir mejores comunicaciones y  una óptima situación, temperaturas más benignas y proximidad de la flora en Aranjuez y caza en el Pardo.  .

        

   Otra ciudad que tuvo posibilidades para ser sede de la Corte fue Lisboa. A ello contribuiría que Felipe II fuera proclamado, rey de Portugal. El cardenal Granvela le aconsejó la elección de la capital lusitana, ya que consideraba que su posición estratégica, frente al océano Atlántico propiciaría los contactos con Francia e Inglaterra, aparte de que su situación era privilegiada respecto al mar Mediterráneo y el Atlántico, pero hay que tener en cuenta que Portugal no se incorporaría a la Corona española hasta 1580 y que el objetivo prioritario de Felipe II es que la capital estuviera en Castilla.[XVIII]

 

   También Sevilla era candidata a optar a la capitalidad. Tenía vías de comunicación que facilitaban el acceso al Océano Atlántico, pero la ciudad hispalense se encontraba en una zona conflictiva, próxima a la zona de las Alpujarras, en donde tendría lugar la sublevación de los moriscos granadinos, que acaudilló Aben Humeya entre 1568 y 1571.

 

      Igualmente, estaba en curso una alianza entre ingleses y marroquíes para asaltar Andalucía y, además, tenía como inconveniente el hecho de que se produjeran en la zona peligrosas incursiones de los berberiscos desde el litoral andaluz.

 

 

V.-TRASLADO DE LA CORTE A VALLADOLID Y RETORNO A MADRID (1601-1606).

 

   Felipe III  asume la Corona el 13 de septiembre de 1598, después de la muerte de su padre. En principio mantuvo la sede de la Corte en la Villa hasta 1600. El corrupto y ambicioso Duque de Lerma y Marqués de Denia, Francisco Gómez de Sandoval, que encabezó la lista de los validos de los Austrias: Felipe III, Felipe IV y Carlos II,  logró convencer al soberano para que trasladara la Corte a Valladolid.  Entre los validos de esos Austrias, el que descaradamente más se benefició, como indica Antonio Dominguez Ortiz,[XIX] fue el duque de Lerma, quien, beneficiándose de su puesto y sin escrúpulo alguno, consiguió amasar una gran fortuna.

 

         Cuando  el privado detectó  que su situación podía correr peligro consiguió que el Pontífice Paulo V le designara Cardenal, en 1618,   lo que otorgaba inmunidad  contra cualquier proceso  penal.  El hecho de que lo nombraran Cardenal propició que se divulgara la satírica expresión:

 

  <<Para no morir ahorcado –el mayor ladrón de España- se vistió de colorado>>.

 

   Una vez que el rey  prescindió de sus servicios el Cardenal  se retiró a Lerma y fue sustituido por su hijo el Duque de Uceda, D. Cristóbal Gómez de Sandoval y Rojas. El siglo XVII fue la época de los validos. Con Felipe III los Duque de Lerma y Uceda  y durante el reinado de Felipe IV y Carlos II:  D. Baltasar de Zúñiga,  el Conde-Duque de Olivares (D. Gaspar de Guzmán), ,Don Luis Méndez de Haro, D. Juan Everardo Nithard y D. Fernando de Valenzuela, valimiento que describe en un excelente trabajo el equipo coordinado por D. José Antonio Escudero en el libro “Los Validos”. [XX]

 

 La ausencia de la Corte para la Villa madrileña  supuso decepción y  decadencia para la ciudad, que repercutieron negativamente en su economía y crecimiento, así como en otras manifestaciones culturales y artísticas.

 

    Uno de los testimonios más curiosos sobre el tema del desplazamiento  de la Corte de Madrid a Valladolid, siendo rey Felipe III, y  su  valedor interesado el Duque de Lerma,  lo aporta Alfredo Alvar Ezquerra, a través de la  primorosa colección facsímile, editada  por la Imprenta Artesanal del Ayuntamiento de  Madrid del Área de las Artes. Se trata de <<El Cartapacio del cortesano errante>>, donde constan diversos documentos aportados por Alvar  : memoriales, romances  y diversos poemas y otros escritos sobre la decisión de la mudanza. El excelente trabajo de   investigación del historiador  [XXI] describe pormenorizadamente ese traslado de la Corte a Valladolid y su retorno a Madrid.  En el libro de Alvar, que forma parte de la documentación,  en el apartado sobre  un ciclo de romances de 1601, hace referencia a un ingenioso cuento, del que es autor Francisco de la Cruz, editado en Murcia en 1601, con la denominación de: << Síguese un gracioso cuento que sucedió en la Villa de Madrid a un caballero que se fue a Valladolid con la Corte …>>. Curiosamente el único ejemplar de la época (1601) conocido de ese cuento se halla en la  British Library de Londres.

 

    El cuento, cuyo original aparece en un pliego de cordel,  hace referencia a  un hidalgo acaudalado, propietario de una mansión en Madrid,  que se disponía a realizar los preparativos necesarios para trasladarse a Valladolid con todo su personal a su servicio, sin percatarse de que en la casa habitaba un duende que molesto por la mudanza  no hacía más que  importunar y aterrorizar al señor y su séquito para evitar ese traslado y La Necesidad, que figura como personaje en el pliego, le hace dudar al caballero y al final opta por quedarse en Madrid.

 

       El optimismo volvió a Madrid en 1606, merced a la insistencia y buen hacer del Consistorio madrileño   que logró  que  el valido, a cambio de fuertes compensaciones económicas, estableciera la sede  de la Corte en Madrid. La ciudad logra restañar sus heridas  y recuperar el esplendor de otros tiempos, caminando  hacia el  interrumpido crecimiento cultural, festivo y urbanístico.

 

      VI.- “SÓLO MADRID ES CORTE”

 

   La expresión: <<Sólo Madrid es Corte>>, se consolida a partir de la segunda mitad del siglo XVII.  David Ringrose [XXII] hace referencia a  aquella  y  matiza que la frase permite interpretar que la Corte condiciona la vida cotidiana de la urbe. Ella es la que tiene entidad y se superpone sobre las demás instituciones y en la Edad Moderna tanto la burocracia como el estamento nobiliario son considerados como una prolongación del poder del monarca. La economía de la capital giraba en torno a las necesidades cortesanas y existía todo un colectivo heterogéneo de personas que suministraban a la Corte los productos necesarios como comerciantes, artesanos, criados etc.

 

  Esa citada expresión: <<Sólo Madrid es Corte>> es analizada  por Feliciano Barrios, quien  [XXIII]alude a las diversas teorías que ya se han mencionado sobre las razones de que fuera erigida Madrid sede de la Corte. Incluso, cita Barrios la afirmación de Deleito Piñuela que la designación de Madrid <<había sido una improvisación, hija de un capricho del propio monarca>>.

     Barrios recoge la ancestral especificación del significado de la Corte que se recoge en Las Partidas:

 

 <<Corte es llamado el lugar, do es el rey y sus vasallos, e sus Oficiales con el, que le han cotidianamente de consejar e de servir...>>

 

 El Alcázar era la sede de la Corte. De ahí las reformas que experimentó el recinto como la ubicación de un novedoso espacio regio con vistas al Manzanares. De 1562 a 1569 tuvieron lugar las obras de embellecimiento y adecentamiento del edificio, dignas de que observadores y visitantes glosaran esas reformas. Barrios incluye un exagerado elogio del palacio de Enrique Cock, quien  manifestó :

 

<< He aquí el Alcázar real, sustentado sobre columnas de mármol, obra de singular maestría, resplandeciente de artesonados de oro, rodeado de bosques…. Bien hermosos son los principios de la mansión que en tu honor, oh Felipe, preparó  para ti el sagrado Carlos, a ningún héroe inferior; pues dicen que postergando su vieja Valladolid, gustó de esta tierra más que las otras....>>

 

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

 

[1]

 

[I] JULIÁ, Santos. Tribuna Libre. Madrid, por fin capital de España.  Madrid. EL País,. 1 de junio de 1988.

 

[II]  PÉREZ, Joseph “La Corte itinerante de los reyes-Madrid, ¿Capital de España?- Las razones de su elección>”. Revista CLÍO. Año 1. Número 5, marzo,2002. Comunicación y Publicaciones, S.A. Barcelona, 2002. , Pp.20-33.

 

[III]  GARCÍA DE VALDEAVELLANO, Luis: “Historia de España-De los origenes a la baja Edad Media”. Tomo I. Introducción, pp.13-25. Alianza Editorial-Alianza Universidad. Textos. Alianza Editorial, S.A. Madrid, 1980. La muerte de Valdeavellano frustró su loable objetivo de escribir la Historia de España completa desde la Prehistoria hasta la Segunda República y sólo pudieron  editarse los capítulos que redactó hasta 1212.  La editorial estimó que la publicación de su obra se efectuara en dos tomos: el primero hasta el año 911 y el segundo hasta 1212, en que se inició el declive del proyecto del imperio del reino astur-leonés. Valdeavellano fue discípulo y colaborador de Ramón Menéndez Pidal y Claudio Sánchez Albornoz en el ya desaparecido “Centro de Estudios Históricos” que nostálgicamente evoca el autor por la fecunda labor que en él se desarrolló. La valiosa tarea de Valdeavellano se reflejó, además de en sus publicaciones, en sus  clases impartidas desde su cátedra de Historia de las Instituciones Políticas y Administrativas de  España de la Universidad Complutense de Madrid.

 

[IV] ECUDERO, José Antonio “Los Validos”. Coordinador: José Antonio Escudero. Luis Suárez Fernández y otros. Dykinson, S. L.. Servicio de Publicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos. Madrid, 2004.Pp. 1-631.

 

[V] FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. “Madrid capital de España (el Madrid de Felipe II)”. Madrid desde la Academia. Antonio López Coordinador. Real Academia de la Historia . Madrid, 2000. Pp. 177-195.

 

[VI] FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. “Madrid capital de España (el Madrid de Felipe II)”. LA FIJACIÓN DE LA CAPITAL DE LA MONARQUÍA. Pp. 179-195. Ob. Cit.

 

VII PARKER,  Geoffrey. “Felipe II, Retrato Inédito” . Historia-16. Universety of St. Andrews.. Año VII-Nº 69-Enero, 1982. Información y Revistas, S.A. Madrid, 1982. Pp. 39-47.

 

VIII.ALVAR EZQUERRA, Alfredo. Historia de MADRID, dirigida por Antonio Fernández García. “Madrid en el siglo XVI “.Editorial Complutense, Madrid, noviembre de 1993. Pp.. 139-186

 

 

[VII] CORRAL. José del  . “La vida cotidiana del siglo XVI” . VI. Las reformas urbanas y la Regalía de Aposento. Ediciones La Librería. Madrid, 2002. Pp. 5-78

 

 

 

[X]  ÁLVAREZ FERNÁNDEZ, Manuel , “Felipe II y su tiempo” Biblioteca Historia de España. RBA Coleccionables, S.A. 2. “LOS INSTRUMENTOS DEL ESTADO “. Barcelona, 2005. P. 72,

 

[XI]  MESONERO ROMANOS, Ramón. “El Antiguo Madrid”. “La Corte en Madrid “(a mediados del siglo XVI) . Pp.. XXIV-XXVII.

 

[XII]  PÉREZ Joseph. Felipe II y su tiempo. La Historiografía filipina: visión general  “ La apuesta por la meseta”. P. 28. Ob. cit.

 

[XIII] CEPEDA ADÁN, José. “MADRID DE VILLA A CORTE”-un paseo sentimental por su historia. Capítulo III:”Madrid Capital de España en tiempos de Felipe II”. Pp.76-99. Fundación Universitaria Española, Madrid, 2001.

 

[XIV]  ALVAR EZQUERRA Alfredo. Historia de MADRID. “Madrid en el siglo XVI”. Ob. cit.Pp.139-186.

 

[XV] ALVAR EZQUERRA, Alfredo.  Historia de MADRID “Madrid en el siglo XVI” Ob. Cit. Pp. 139-186.

 

[XVI] ÁLVAREZ FERNÁNDEZ, Manuel.  Madrid , capital de España ( El Madrid de Felipe II). Ob.Cit. . Pp. 177-195

 

[XVII]   ÁLVAREZ FERNÁNDEZ, Manuel “Felipe II y su tiempo” Biblioteca Historia de... 17 “El hombre de el Escorial”.Barcelona, 2005. Pp. 893-897. Ob.Cit.

 

[XVIII]  ALVAR EZQUERRA, Alfredo .Historia de MADID. “ Madrid en el siglo XVI”, Ob.Cit. Pp. 139-186.

 

[XIX]   DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. “Esplendor y Decadencia”.De Felipe III a Carlos II . Coyuntura internacional y política interior. Órganos de Gobierno. Historia de España 7. Madrid, 1981.Pp. 7 a 46.

 

[XX]   ECUDERO, José Antonio (Coordinador). “Los Validos”. Ob. Cit. Pp. 1-631.

 

[XXI]  DE LA CRUZ, Francisco: “ El Cartapacio del cortesano errante”,  Murcia  1601, Pliego de cordel,: “ Síguese un gracioso cuento que sucedió en la Villa de Madrid as un caballero que se fue a Valladolid con la Corte . ALVAR EZQUERRA, Alfredo:  “Los traslados de la Corte de 1601 y 1606. Edición especial del Ayuntamiento de Madrid. Imprenta Artesanal. Madrid, 2006.  Pp. 79-84.

 

[XXII]  JULIÁ, Santos. RINGROSE, David. SEGURA, Cristina, “Madrid Historia de una capital”. David Ringrose”: (1561-1833). “Sólo Madrid es Corte”,. Alianza Editorial, S.A. Madrid,  2000. Pp. 157-162

 

[XXIII] BARRIOS, Feliciano. Felipe II- Un Monarca y su época- La Monarquía Hispánica.”Sólo Madrid es Corte” Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 1998. ”, Pp.171-172 

© 2019 by Nuria Lorite Ayán 

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