ARTÍCULO SOBRE CARLOS II EL HECHIZADO ,COMO CONSECUENCIA DE LA ENTREVISTA RADIFÓNICA  DE RADIO LIBERTAD  POR PARTE DE NURIA LORITE, DIRECTORA DE LA VIDA BILOBA A L. REGINO MATEO DEL PERAL, ENCARGADO DE LA SECCIÓN DE HISTORIA DE LA MENCIONADA PROGRAMACIÓN, EL SÁBADO 7 DE JULIO DEL 2018.


UN ANTES Y UN DESPUÉS EN LA HISTORIOGRAFÍA SOBRE LA FIGURA DE CARLOS II  “EL HECHIZADO” (1661-1700), EL ÚLTIMO SOBERANO  DE LA DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS (“LOS HABSBURGO”).

 

L. Regino Mateo del Peral. Miembro Numerario del Instituto de Estudios Madrileños.

I.-INTRODUCCIÓN

 

EL PROGNATSMO  Y LOS MATRIMONIOS ENDOGÁMICOS

 

Varios de los componentes de la dinastía de los Habsburgo heredaron  el “prognatismo”. Se trata de una anomalía física que afecta al maxilar inferior. Según la RAE la palabra prognato se define del siguiente modo    “prognato, ta. (Del gr. πρό, hacia adelante, y γνάθος, mandíbula). 1. adj. Dicho de una persona: Que tiene salientes las mandíbulas”  El que padece  esta enfermedad propicia que el labio inferior tenga un crecimiento anormal, al igual que la frente que por su tamaño los ojos presentan un “aspecto desorbitado” , como reseña Manuel Ríos Mazcarelle en su obra LA CASA DE AUSTRIA- UNA DINASTÍA ENFERMA [1] . Entre los monarcas de los Habsburgo  que nacieron con esta anomalía cita a Federico III, Maximiliano I y Carlos El Temerario. Entre los españoles ya algunos reyes de la dinastía de los Trastámara  tenían el prognatismo como Enrique II y Juan II. El problema de los soberanos españoles no se circunscribe solo al “prognatismo y desarrollo del labio inferior”, sino también a los desposorios consanguíneos o endogámicos que repercutieron negativamente  en la salud de los contrayentes y sus hijos, víctimas de una progresiva “degeneración física y mental”, cuyo mejor exponente es Carlos II que heredó esas taras que acabaron con la dinastía austriaca en nuestro país. Hay que tener en cuenta que los padres de Carlos II: Felipe IV y su sobrina Mariana de Austria padecían  ambos “prognatismo”.

 

 De la rama de los Austrias españoles El “prognatismo” de  Carlos II  fue  el más acentuado, de tal modo, como indica López Alonso,[2] que alguna de la amas de crías (hasta 14 amas se ocuparon de la lactancia) tuvieron tal sufrimiento que pidieron ser sustituidas, a causa de las daños que propiciaba el heredero, ya que al tomar la leche “trituraba las mamas y los pezones, sin ningún comedimiento”.

 

En este artículo trato de deslindar el reinado de Carlos II en dos partes. Aquella más tradicional y más obsoleta y caduca  y otra más moderna en la que se trata de rehabilitar su figura y analizar que durante su mandato hay aspectos positivos que se ignoraron y que recientemente han sido estudiados y puestos de manifiesto por historiadores como Luis Ribot.

 

  Igualmente, y aún es más reciente , la rehabilitación de otro Rey, merced a que  en el mes de mayo  de 2018,  fue publicado el libro de Alfredo Alvar Ezquerra: Felipe IV . El Grande, [3]un excelente libro que desmonta el mito de que este monarca fue uno de los monarcas más negativos de la Historia de España. Alvar indica que   Felipe IV ni fue “un Austria Menor”, ni un rey “pasmado”, como le denominó Gonzalo Torrente Ballester en su novela : la CRÓNICA DEL REY PASMADO  o Imanol Uribe en el film, de 1991, que dirigió sobre:  “El Rey Pasmado”,  interpretado por Gabino Diego en el papel del soberano.

 

Alvar demuestra como este rey fue de los más injustamente tratados y olvidados, cuando, en realidad su reinado fue uno de los más fecundos. Tuvo la  desgracia de vivir uno de los periodos más convulsos de la Historia de España, con graves   conflictos bélicos, políticos y familiares. Los historiadores tradicionales  no se percataron , como reseña Alvar, de su grandeza personal y sus dotes para promover las artes y las letras , que hicieron que España fuera uno de los países más relevantes desde el punto de vista cultural. La biografía de Alvar de Felipe IV consta de cuatro partes: “ LA PRIMERA PARTE : “LOS ALBORES DE UNA VIDA (1605-1621)”. LA SEGUNDA : “EL AMARGOR DEL MADURAR (1621-1635)”.  LA  TERCERA: “LUZ, COLOR, ECLIPSE Y OCASO DEL REY (1635-1648)”  y LA CUARTA: “RUINA Y… PAZ (1648-1665)”. En el prólogo del Libro al que Alvar[4] denomina: “Al curioso lector”, el historiador analiza las razones por las que reivindica los logros de Felipe IV, persona culta y  de gran erudición, buen lector y escritor que, como indica Alvar, “participó de los éxitos de Calderón”, recibió el influjo de  de Quevedo y fue aclamado cuando nació por “Cervantes y Lope de Vega”. Una de sus más meritorias facetas fue su afición por la pintura.  En este sentido, según Alvar,  tuvo un estrecho  contacto con  pintores de la talla de “Velázquez y Rubens”. A través de la pintura se glosa la grandeza de la Monarquía Hispánica y Felipe IV es el artífice de reunir una gran colección artística de las más relevantes de Europa.

 

Según Alvar  en cuanto a Felipe IV:

“…a lo largo de la vida dos son las obsesiones que le marcan en lo personal y en la acción de gobierno: su profunda religiosidad y su consciencia de que era un pecador irredento y empedernido”

 

Asimismo, Alvar manifiesta que :

 “No creo que nunca un rey se haya autobiografiado, de su puño y letra, varias veces a lo largo de su existencia. En sus retratos, en su escritura, en su acción política, destaca su dignidad”.

 

Igualmente, reseña el historiador  que:

“En sus días, que fueron muchos, a Felipe IV se le conoció como Felipe el Grande, o el Cuarto Planeta, o el Rey Sol. Se da la circunstancia de que a su muerte, la fragilidad de la herencia que recayó en un enfermizo Carlos II se vio asfixiada por la enorme presencia de un rey francés, hijo de española y casado con española que, obviamente, en esto como en otras muchas cosas, no tuvo a mal apropiarse de símbolos y lemas de la caduca monarquía de España (que, por cierto, empezó a resucitar hacia 1680). Y Luis XIV pasó a la historia como el Rey Sol. Hora es ya de que se sepa que fue el segundo y que el primer Rey Sol fue Felipe IV”.

 

Alvar precisa que  no deja de ser un lamentable erro juzgar al monarca:

 “como rey frívolo y despegado de la política y la guerra, centrado solo en el arte, la caza y las mujeres”.

 

 Cuando la percepción correcta sobre su reinado, según Alvar, es la de que: “no debemos dejar engañar por estos mitos , ya que Felipe IV fue un gran Rey, un verdadero hombre de Estado que, además tenía una enorme sensibilidad hacia el arte y la belleza” . Por otra parte indica Alvar:  “la culpa del mal nombre de Felipe IV es de los ilustrados  y de los malos historiadores del siglo XIX, además de la propaganda emitida por sus enemigos, tanto internos como externos, durante su reinado”.

 

Profundamente católico Alvar manifiesta que el monarca español evitó que el luteranismo se propagara  a la Europa meridional. Además, de un  gran hombre de Estado,  gran promotor de las artes y las letras, el reinado de Felipe IV se desarrolla en dos épocas bien diferenciadas, la que cuenta como valido al Conde-Duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán, hasta 1643 , en que cayó en desgracia  y la que se  extiende hasta su muerte, en la que tomó la decisión de asumir el mismo el gobierno y en la que contó  como  consejeros , entre  otros, a don Luis de Haro y Juan-José de Austria, hijo suyo  y de “La Calderona” y, también , sor María de Ágreda

 

 

II.-LA HISTORIOGRAFÍA TRADICIONAL SOBRE EL REINADO DE CARLOS II

 

En este artículo en la primera parte trato de recoger diversos testimonios sobre la trayectoria negativa de Carlos II, considerando que la mayoría de los historiadores e investigadores de épocas pasadas consideraban al Rey como la persona que acentuó la decadencia de España debido a sus taras físicas y psiquícas, que le impidió mantener el poder hegemónico de nuestro país, cuyo declive se inició con los Habsburgo: Felipe III, Felipe IV y culminó con Carlos II, denominado “El Hechizado. Según esta teoría la debilidad mental de rey y su falta de preparación, así como la facilidad para manipularle, propiciaron el desastre de España.

 

El concepto habitual  que hasta épocas recientes se ha mantenido  sobre la figura de Carlos II era el de que fuera un rey nefasto para la monarquía  española. Se  consideraba   a su  reino como un periodo  en declive, que simbolizó el ocaso y la extinción de una dinastía: la de los Habsburgo.  Se estimaba  que el reino que llegó a ser el más hegemónico del mundo a partir de Felipe III entra en un periodo de ruina, consecuencia de una degradación política, social y económica que propició que España pasara a ser una potencia secundaria, hecho que se confirmaría  en el tratado de Utrech de 1713.

 

  Felipe IV contrajo esponsales en primeras nupcias con Isabel de Borbón y en segundas nupcias  con Mariana de Austria, que inmortalizó Velázquez en uno de sus retratos. Mariana[5] que nació en Neustad, el 23 de diciembre de 1634, no tenía quince años cundo llegó a España para contraer matrimonio con el rey viudo, Felipe IV, de 44 años. La boda se celebró en Navalcarnero, el 7 de octubre de 1649. La reina de escaso atractivo tenía con el rey pocos lazos en común y no existía aspectos que les unieran ni desde el punto de vista físico, ni en  costumbres y gustos. Por ello, hay que extraer la consecuencia que fue un matrimonio de conveniencia con la finalidad de que naciera un heredero que perpetuase la dinastía austriaca.

Fruto de ese matrimonio[6] nacieron cinco hijos: Margarita María, que fue emperatriz alemana; María Ambrosia, que falleció a las dos semanas; Felipe Próspero, que no llegó a cumplir los cuatro años; Fernando Tomas, que apenas sobrevivió unos meses y Carlos, nacido el 6 de noviembre de 1661.

 

La muerte de Felipe Próspero hizo concebir esperanzas a Luis XIV para optar a la sucesión del reino español. Antonio López Alonso[7] en su obra titulada: “Carlos II El Hechizado” recoge un párrafo de la publicación sobre el monarca de 1991 de Calvo Poyato, texto en el que alude al último coito marital de Felipe IV con su sobrina:

 

          “Alguna voz indiscreta señaló que el embarazo de la reina se produjo en la última cópula matrimonial lograda por Felipe IV, quien a estas alturas de la vida era un viejo decrépito aquejado se numerosos achaques de muy variada índole, incluidos los de tipo venéreo, consecuencia de su larga vida de galanteador”.

 

       Fue el 6 de noviembre de 1661 cuando la Reina comenzó a padecer síntomas y molestias de su embarazo y tuvo que desplazarse a la Cámara de la Torre, siendo el galeno Don Andrés Ordoñez, ya de avanzada edad, el que atendió a doña Mariana que dio a luz al nuevo varón con suma facilidad. El nacimiento del heredero venía así a paliar la triste pérdida de Felipe Próspero. El príncipe Carlos fue bautizado con toda pompa el 21 de noviembre de 1661 en la Capilla Real de Palacio. No obstante, a pesar de esa normalidad en el alumbramiento las condiciones físicas y mentales del varón dejaron bastante que desear como ya se ha reseñado anteriormente y se describe a continuación.

 

       No existieron muchas esperanzas para que el nuevo infante pudiera vivir muchos años, teniendo en cuenta que era de constitución débil, con una salud precaria, endeble físicamente y con síntomas de una acusada fragilidad mental. Puede que el matrimonio de tío y sobrina pudiera afectar al escaso desarrollo del heredero por las características endogámicas de esa unión dinástica. En ese sentido, la alimentación de Carlos fue objeto del máximo esmero y la lactancia se prolongó hasta los cuatro años. Con numerosas amas de cría y especiales cuidados para poder subsistir consiguió superar esos primeros años, aunque a pesar de todo su crecimiento fue el de un niño disminuido.

 

     Francisco Alonso- Fernández [8],  Catedrático  Emérito de la Universidad Complutense , que fue Presidente de la Asociación de Psiquiatría Social,  menciona la falta de objetividad de las noticias facilitadas sobre el heredero por La Gaceta de Madrid [9], cuando nació el ansiado varón, ya que no informó sobre la verdad en cuanto a las condiciones físicas y mentales del nuevo vástago, anunciando la buena nueva de que se trataba de un niño robusto y hermoso. En realidad el periódico literalmente especificaba que el príncipe tenía: “facciones hermosísimas, cabeza proporcionada, grandes ojos y un aspecto saludable”, cuando la realidad fue muy distinta.

 

     Antonio López Alonso  indica que el Rey Sol, Luis XIV,[10] recelaba de las características de la nueva criatura, hasta el punto de que envió a Madrid a un hombre de su confianza el señor de Nautie, Jean Joubert, para conocer de primera mano si se trataba de un niño o niña, pero el emisario galo no consiguió ver al vástago y satisfacer el interés del monarca francés. Posteriormente consiguió  que el Señor de Lirry, Jacques Sanguin con el representante diplomático, el embajador Georges d’ Aubusson lograran por fin visitar  al varón.  En este sentido, comunicaron al rey sus impresiones sobre la debilidad del príncipe Carlos:

 

        “El Príncipe parece ser extremadamente débil. Tiene en la dos mejillas una erupción de carácter herpético. La cabeza está enteramente cubierta de costras. Desde hace dos o tres semanas  se le ha formado debajo de él  una especie de canal de desagüe, que supura. No pudimos ver esto, pero nos hemos enterado por otro conducto. El gorrillo dispuesto a tal fin, no dejaba ver esta parte del rostro.”

.

 

     La deficiente formación que recibió en esos compases iniciales de su vida no favorecieron en nada su crecimiento intelectual. Aún con nueve años no era capaz de leer, ni  escribir.

 

      Carlos II[11] padeció a lo largo de su vida alteraciones digestivas y tenías cierta tendencia a contraer males infecciosos. Fue precisamente en su niñez en el momento que le aquejaron varias enfermedades como el sarampión, la varicela, la rubéola y la viruela. Su carácter inestable la hacía pasar de la alegría a la depresión, de la irascibilidad a la serenidad y la indiferencia. Su alimento preferido era el chocolate. Le encantaban, también, los pasteles y se introducía en la cocina de palacio para observar e incluso participar en la elaboración de ese manjar.

 

      Las crisis epilépticas que padecía se incrementaron en el transcurso de los años y Alonso cita al psiquiatra Moragas que en 1970 reseña el hecho de cómo el rey pasó de la “infancia a la senectud”. Ya a los doce años tenía aspecto senil, lo que se puede imputar a “una insuficiencia sexual endocrina”. 

 

         Intrigas palaciegas y los grupos que rodearon al monarca agravaron aun más la situación de deterioro con un rey que se caracterizó por su debilidad psíquica y física y cuya política estuvo influida por el todopoderoso Luis XIV, que aspiraba, dada la esterilidad de Carlos II, a que el trono español pasara a la dinastía borbónica en la persona de su nieto Felipe V de Anjou.

 

Por otra parte, López Alonso[12] hace alusión al hecho que por sus dificultades apenas podía  tenerse en pie y señla:

 

        “El heredero del trono y nuevo rey, que aún no tenía cinco años cumplidos, tuvo que soportar como primer acto de Estado, las ceremonias del homenaje del besamanos. Estuvo sentado  en un cojín bajo un pequeño dosel, ataviado con copuz, chía y bonete de tafetán. El aya lo sostenía, porque no se podía tener con seguridad en la postura que se hallaban.”

 

   Los madrileños se percataron de esas dificultades de crecimiento del futuro rey, y, por ello, captaron con suma rapidez esas carencias y con ese motivo propagaron una coplilla satírica del siguiente tenor:

 

“El príncipe, al parecer

por lo endeble y patiblando

es hijo de contrabando

pues no se puede tener”.

 

 

 Francisco Alonso- Fernández   inicia su obra “Historia Personal de los Austrias españoles” con el “Prefacio: LA PSICOHISTORIA, UNA NUEVA CIENCIA”[13] , en el sentido de  que  afirma que  existe una nueva modalidad de la historia: “LA PSICOHISTORIA” , disciplina que  se circunscribe  , no tanto en  el estudio de los distintos sucesos históricos que han acaecido en el transcurso de una época, sino  que lo fundamental para esta materia es: “centrar el objeto de estudio e investigación  en las personas protagonistas de los  hechos”.

 

   Alonso -Fernández [14]analiza las enfermedades psiquícas padecidas desde Juana “La Loca” al último de los Austrias, Carlos II. En su interesante investigación a Juana  la  califica como : ”La Reina Española Psicótica”. Sobre  Carlos V resalta que con  40 años sufrió una gran depresión. Felipe II que se sintió impactado por el deterioro de su padre hasta el punto que le afectó de tal modo que se transformó “en un puritano obsesivo”. Felipe III  era: “ un abúlico y un ludópata” . Felipe IV: “un adicto al sexo”  y en cuanto a Carlos II le denomina: “el rey esperpéntico”, considerando este apelativo como más adecuado que el con que ha sido calificado tradicionalmente: “el hechizado”.

 

        Sustenta el criterio Alonso- Fernández que Carlos II fue un soberano ridículo y estrafalario,  con una carencia física y psíquica que le hace más proclive con cierto rigor a definirle como esperpento más que hechizado, máxime conforme a la realidad histórica que le tocó vivir al monarca y los acontecimientos que acaecieron  con su reinado, que refrenda que sea más apropiado calificarle de esa manera, tanto por la fealdad, desaliño y poco desarrollo del protagonista, como por lo absurdo y lo grotesco del personaje.

 

    Por supuesto, que ese juicio del citado autor está más  en la línea  de considerar más objetivo y acertado el adjetivo de esperpéntico que utiliza, ya que el término esperpento, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, tiene tres acepciones: “1. m. fam. Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza. 2. Desatino, absurdo. 3.Género literario creado por Don Ramón de Valle Inclán, en el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos...”

 

     Respecto a su comentada esterilidad, el rey[15] era impotente, pero ello no significaba que no le atrajeran las mujeres, ya de las distintas funciones sexuales que caracterizan al varón, el monarca, como alude Alonso, carecía de tres de los atributos normales inherentes a una normalidad sexual: la erección, la eyaculación y el orgasmo, mientras que la única función que poseía era la líbido, en el sentido de que esa capacidad le estimulaba a compartir con las mujeres esos ratos de deseo y amor, aunque fuera impotente.

 

      Gregorio Marañón en un ensayo redactado sobre Enrique IV alude al italiano Furno como uno de los expertos más convicentes y rigurosos en el estudio sobre el tema del “eunocoidismo”. Furno en su obra[16]  distingue “eunocoidismo puro”, “eunocoidismo femenino”-cuando existe una inversión en la morfología del hombre en el sentido que su virilidad se proyecta hacia tendencias femeninas- “eunocoidismo senil”- cuando se aprecian síntomas de una vejez temprana- y “eunocoidismo acromegálico”. En este sentido, se deduce que el “eunocoidismo senil” sería la enfermedad que aquejaría a Carlos II (que pasó de la infancia a la vejez, sin que pudieran apreciarse en él los rasgos físicos correspondientes a las etapas de la adolescencia y madurez) y el “eunocoidismo acromegálico” a Enrique IV.

 

       Los testimonios pictóricos de Carlos II más relevantes corresponden a  los dos retratos de Juan Carreño de Miranda y al de Claudio Coello. En el primer lienzo de Carreño que hizo  del monarca cuando solo tenía 12 años la fisonomía del rey es normal con un aspecto grato. En el segundo realizado cuando había cumplido 19 años ya en la pintura se puede apreciar un rostro repelente del monarca con la nariz aguileña enorme y facciones nada atractivas más bien desagradables y deformes. En el cuadro de Claudio Coello, que efectuó cuando el rey tenía 18 años, se acentúa aún más esa fisonomía repulsiva senil y caduca.

 

      En este sentido, Alonso- Fernández[17] recoge la versión del historiador alemán Pfandl, que en 1947,  refleja la impresión que le causó al nuncio del Papa, Nicolini, el monarca austriaco:

 

        “El Rey es más bien bajo que alto, flaco y feo. Mira con expresión melancólica y un poca asombrada. Si no anda no puede tenerse en pie, como no sea apoyándose contra una pared, una mesa o en alguna persona. Es tan débil de cuerpo como de espíritu. De vez en cuando no deja de dar muestras de inteligencia, memoria y cierta agudeza, pero lo corriente no es eso: ordinariamente se muestra abúlico, apático e insensible, torpe e indolente y parece que está atontado. Puede hacerse de él lo que se quiera porque carece de voluntad propia”.

 

     A los 32 años ya era totalmente calvo. Con 35 años sufre crisis palúdicas que tratan de remediar con quinina, tratamiento de los únicos acertados que le aplicaron, según Alonso, quien manifiesta que con 36 años parece “un hombre acabado, pálido, delgado hasta los huesos (caquético) y semipostrado”. Cuando cumplió los 37 años se inicia un nueva enfermedad,  consistente en  “un proceso edematoso generalizado”  que acentúa “sus crisis epilépticas”. Daba la impresión, según relatan los observadores de entonces, que se trataba de una persona envejecida a la que se la podía calcular una edad cifrada en 80 años.

 

      Néstor Luján[18] nos refleja cómo Carlos II fue producto de un matrimonio en el que el padre, Felipe IV, con 55 años, era un hombre ya envejecido que padecía diversas enfermedades como la gota, hemorroides, así como otras dolencias como afecciones venéreas y del riñón. Su esposa, a pesar de tener 29 años, se encontraba agotada como consecuencia de haber gestado en ocho ocasiones y ver  morir tempranamente a cinco hijos. El hecho de que Carlos fuera concebido tan tardíamente y la unión endogámica de tío y sobrina puede que propiciara que naciera un hijo nada agraciado, máxime cuando el padre parece que tenía sífilis y que Carlos, según confesión del monarca, fue el resultado de la última cópula matrimonial tras  varios intentos. El pobre Carlos II había llegado al mundo observado por la flor y nata de médicos y expertos curanderos y con las reliquias y símbolos, como afirma Luján,  de “tres espinas de la corona de Cristo, un diente de San Pedro, un pedazo del manto de la Magdalena, una pluma dorada del  arcángel Gabriel”, además de otros objetos sagrados.

 

     Según el cronista catalán, aunque el parto se desarrolló con normalidad, pero cuando el niño nació los asistentes al parto se quedaron estremecidos de tal modo ante su “repelente fealdad, raquitismo” y lo “cabezón”  que era  que les entraron “escalofríos” ante la desagradable sorpresa.

 

      En consecuencia, Luján analiza en un breve resumen los males que aquejaban al rey: “tumores, escrófulas, purulencias, hemorragias” y, en especial, “las diarreas”. Por supuesto, que fue un rey enclenque, con una acusada debilidad mental, con abundantes crisis epilépticas. Lo curioso para Luján es que con esa deficiente salud y radicales males pudiera sobrevivir hasta los 40 años con un físico con indudables síntomas de degeneración. En este sentido se refiere al ya reseñado “prognatismo” de su mandíbula que le obstaculizaba que pudiera masticar los alimentos y las alteraciones estomacales que le causaban diarreas tan frecuentes que lógicamente le debilitaron progresivamente.

 

     Antonio López[19] en un artículo que publicó en el diario “El Mundo” realizó un análisis de la enfermedad del soberano que con los medios actualmente disponibles hubieran podido remediarse, pero no en la época en la  que le correspondió ser rey. Varios de los males que le aquejaron puede que se debieran a la consaguinidad entre sus padres: matrimonio entre tío y sobrina, unido todo ello en que fue gestado cuando el monarca, Felipe IV, su padre, se encontraba en unas condiciones físicas nada recomendables para tener hijos. De ahí las “secuelas” originadas que afectaron al heredero como “degeneración biológica”, fragilidad psíquica,  volumen anormal de su cabeza por “hidrocefalia”, raquitismo etc.

 

      Antonio López prefiere calificar a Carlos II como persona triste, de pocas palabras, sin ningún interés y no utilizar, según su versión, el adjetivo que emplea Francisco Alonso-Fernández  de oligofrénico, ya que su conducta o modo de proceder de acuerdo con su análisis no respondía a este concepto e indica el ejemplo de que reivindicara  el apoyo de su hermanastro en contra del parecer de su madre que detestaba a aquel e incluso aduce el hecho de que Carlos II mostrara un gran cariño hacia su primera esposa María Luisa de Orleáns cuando el comportamiento de los oligofrénicos en este sentido es el de la indiferencia. Por ello se plantea López la duda de que tuviera esa enfermedad y  analiza  sobre  donde comienza y termina la enfermedad de la oligofrenia.

 

     Asimismo, después de aludir al hecho de que tuviera un solo testículo: “negro como el carbón”, aspecto al que, igualmente, con posterioridad se refiere el médico Pedro Gargantilla, describe los males que le afectaron en sus años postreros como el paludismo, dispepsia gastrointestinal con vómitos y diarreas que pudieron originarse por tuberculosis, alteraciones digestivas que se agravaron por ingerir grandes cantidades de chocolate y por su gula. La  problemas cardiacos fueron el elemento detonante más importante de su fallecimiento. López cita las palabras de su médico flamenco Geelen:

 

 “ Al rey se le para el corazón y empeora visiblemente. Se le hinchan el vientre, las piernas y la cara.”

 

  López,  hace referencia a las características de esta enfermedad:

 

“Hidropesía. Retención de líquidos, edema, ascitis por insuficiencia cardiaca progresiva...” y termina  manifestando que actualmente diríamos que “le han hallado todas las entrañas...y el corazón tan consumido y seco...”

 

      Felipe IV falleció el 17 de septiembre de 1665,[20] a los 62 años. El rey en el momento que le acercaron a su hijo el príncipe Carlos le manifestó:

 

         “ ¡ Hijo mío ¡, Dios, por su divina misericordia os haga más dichoso que a mí.”

 

     El monarca previsor en su  testamento designó a una Junta de Gobierno, presidida como regente por Mariana de Austria, durante la minoría de edad de Carlos II, y constituida por los presidentes de  cc los Consejos de Castilla  y Aragón, El Arzobispo de Toledo, El Inquisidor General, un Consejero de Estado y un Grande de España. Como se puede observar Felipe IV fue inteligente al nombrar un colectivo heterogéneo para equilibrar las diversas influencias. En este sentido, Henry Kamen[21] en : “La España de Carlos II”  indica que:

 

        “La tarea de la Junta era básicamente administrar el gobierno.La autoridad ejecutiva pasaba a las manos de la reina madre, Doña Mariana, como regente y guardiana del rey niño hasta que llegara a la edad de catorce años.”

 

       “ Los ministros deben reunirse diariamente en el salón del palacio que escogiera la reina, que debe actuar siempre con el asesoramiento de la Junta y no de ninguna otra forma.”


     Mientras tanto la educación de Carlos II experimentaba graves dificultades describiendo López Alonso[22] que esas carencias del soberano le impidieron tener una formación normal y adecuada conforme  a su rango. Cita un párrafo de la obra de Calvo Poyato J. en el que relata que:

 

    “Carlos, desde luego, no podía andar; tenía que ir acompañado a todas partes por su menina o nodriza; según frase de Maura, sintió el peso de su corona sobre su cabeza antes de notar el suelo bajo los pies.”

 

    Fue su madre la que planificó la formación de Carlos en una doble vertiente que encomienda a dos preceptores: la enseñanza secular corre a cargo de Don Francisco Ramos del Manzano y para la dirección espiritual designa a  Fray Pedro Álvarez de Montenegro.

 

     En este sentido, López hace referencia al testimonio del Duque de Maura que se recoge en su obra: “ Vida y reinado de Carlos II” que especifica que se debe predisponer al rey para que adquiera las cualidades de:

 

“prudencia, magnanimidad, constancia, virtudes tan propias de un Rey”.  “Edúquesele de modo que se ajuste siempre a la razón ; sea amigo de la honra  y de la verdad, no mostrando nunca buen rostro a la mentira; que se inspire en los buenos ejemplos de la historia, estime como debe a los nobles, militares y los Consejeros y los Ministros de Justicia...”

 

      Maura reseña, como indica López, que las materias impartidas eran la enseñanza religiosa, además del latín y otras lenguas como la francesa e italiana. También y en el ámbito de los conocimientos de historia tanto la sagrada como la profana e, igualmente, Astronomía, Geografía e incluso educación física en diversas especialidades como equitación, la esgrima, el juego de la pelota y de los torneos.

 

      No obstante las limitaciones intelectuales del monarca no se arreglaron por el hecho de que tuviera como maestro al sabio catedrático de la Universidad de Salamanca, Don Francisco Ramos del Manzano, que por mucho empeño que pusiera Carlos no estaba capacitado para asimilar las enseñanzas que recibió, lo que propició que hubiera cierto relajamiento y excesiva tolerancia con su educación, ya que era imposible que el Rey por esa debilidad mental adquiriera la formación que requería una persona de su categoría. Por ello, tanto por sus taras físicas como psíquicas hizo que fuera un personaje fácilmente influenciable y manipulable sin criterio propio.

 

Pedro Gargantilla, médico,[23] realizó un estudio y análisis sobre la enfermedad de Carlos II en donde deja claro que “la causa de la esterilidad radicaba en un hipogenitalismo, ya que el rey tenía un solo testículo y era átrofico”. Gargantilla alude al testimonio de Marañón de que Carlos II tenía la enfermedad de “raquitismo infantil” como se refleja en el  anormal volumen de su cabeza. María Luisa de Orleáns, su primera esposa, comentó su camarera a nivel privado que su esposo tenía “eyaculación precoz que impedía consumar el matrimonio”.

 

    Asimismo, Gargantilla se refiere a que el rey cuando contaba 38 años empezaron a hinchársele la cara, la lengua y las manos y esta enfermedad era consecuencia de un catarro que sufrió cuando era solo un niño de 8 años que le produjo una infección consistente en orinar sangre. Esta dolencia de orinar sangre se repitió en el transcurso de su vida. En 1700 cuando fallece, debido a que se afirmó que su defunción ocurrió por su hechizamiento, se le practicó la autopsia, caso excepcional en los reyes. El documento relativo a la “necropsia” que cita Gargantilla especifica:

 

“ No tenía el cadáver ni una gota de sangre, el corazón aparece del tamaño de un grano de pimienta; los pulmones corroídos; los intestinos putrefactos y gangrenados; un solo testículo, negro como el carbón, y la cabeza llena de agua”.

 

 Gargantilla, también, describe algunas facetas de la vida personal de Carlos II como el que tratara de paliar su ignorancia a la edad ya de 30 años

 

“... dedicando una hora diaria al estudio de un libro de historia...” Asimismo, se refiere a lo descuidado que era en su aseo personal. “... Se caracterizó por su poca afición a la higiene corporal, tenía una larga cabellera que lucía sucia y enmarañada”.

 

    Por aquella época, corrió de boca en boca un poema ridiculizando ese presunto hechizo del monarca:[24]

 

“Las damas le hechizan,

los frailes lo pasman,

los lobos le aturden,

los cojos le baldan,

Hechizo parece,

esta lenta calma,

con su arrobamiento,

y su nariz larga.

III.- LA HISTORIOGRAFÍA  SOBRE CARLOS II EN  EL  SGLO XX Y PRIMEROS DEL SIGLO XXI. .LA REVALORIZACIÓN DE SU FIGURA.

 

 

   La figura de Carlos II, el último de los Austrias ,  fue considerado durante largo tiempo como el prototipo de la decadencia hispana  y se le imputaron bastantes de  los males de nuestro país . No obstante, hay historiadores que como Luis Ribot de la Real Academia de la Historia[1] ha puesto de manifiesto  alguna  de las cualidades del soberano como el hecho de que tuviera “una capacidad” mayor de lo que se estimaba y “una inteligencia normal”. Asimismo, el hecho de ser una persona resolutiva como lo demuestra “su dignidad” para enfrentarse al todo poderoso Luis XIV, el monarca más relevante de la época, llamado el Rey Sol e , igualmente, hay que destacar de Carlos II, como indica Ribot, el que fuera “un mecenas de las artes”. En este sentido, hay que atribuirle el mérito de “la reconstrucción” de El Monasterio de El Escorial, llevada a cabo a raíz del incendio, acaecido el 7 de junio de 1671   y su protección a la pintura, evitando  que su segunda esposa Mariana de Neoburgo pretendiera obsequiar con algunos lienzos a su hermano el elector Juan Guillermo del Palatinado.

 

La historiografía actual ha detectado aquellos  aspectos positivos que jalonaron   su reinado,  ignorados por los historiadores tradicionales ya que para estos, como señala Ribot: “el mito de la decadencia era tan grande  y el  atractivo del Rey tan escaso”,  que pasaban de largo cuando había que relatar ese periodo de Carlos II , en el que se conceptuaba al monarca  como el prototipo de la decadencia de España y de este modo se consideraba  a esta época, como una etapa oscura sobre  lo mejor era no detenerse en su estudio, ya que nada bueno podía aportar a nuestra historia.  Por ello, Ribot  recalca que por mucho que intentemos revalorizar su figura para  bastantes  el rey seguirá siendo:

 

  “El Hechizado, su reinado el de más profunda decadencia y sus gobernantes el epígono de la degradación de la aristocracia en el poder”.

 

 

  No obstante, Luis Ribot afirma sobre Carlos II que:

 

“Menospreciado como un agujero negro en la Historia de España, el reinado del último monarca de los Austrias empieza a valorarse bajo nuevos prismas, frente a los mitos que lo han ensombrecido”.

 

Esta argumentación de Ribot, contradice, en consecuencia, la opinión de esos  historiadores  a los que refuta su versión sobre  la  quebradiza salud del soberano y su debilidad , en el sentido de que no  estuvo tan enfermo como se afirmaba y, además,  que fuera un hombre de “una inteligencia normal”, y ”bondadoso y bienintencionado” ,virtudes de la que carecieron sus predecesores  su abuelo Felipe III y su padre Felipe IV. También, hay que constatar, según Ribot, “la recuperación demográfica y económica” que tuvo lugar durante el siglo XVIII y que se inicia ya durante el largo reinado de de Carlos II y aunque el poder como primera potencia  pasara a Francia tras las derrotas internacionales de nuestro país,  España  cuando reinó Carlos II tuvo la mala suerte de coincidir con el de Luis XIV, uno de los soberanos más inteligentes de la centuria y que para que Francia adquiriera ese poder omnímodo no tenía otra opción que atacar a nuestro país. También, Napoleón se enfrentó a Carlos IV y Fernando VII, pero ambos monarcas no tuvieron “la resolución y dignidad”  con que el Habsburgo hizo frente al “Rey Sol”, a quien algunos  historiadores con asiduidad le mencionan como autor de  La frase <<L'État, c'est moi>> (“El Estado soy yo”) .De todos modos las opiniones de los diplomáticos y otras personalidades sobre el rey no son iguales, en el sentido de adjudicarle  unos  bastantes carencias  y otros   consideraron  que tenía cualidades apreciables. El hecho de que no pudiera tener hijos no supuso, según Ribot, “una anormalidad”, cuando ese problema de esterilidad afecta, también, a un importante sector de la población

 

 Asimismo, la información que se propagó a raíz de su fallecimiento sobre las características de sus órganos son  difíciles  que se produzcan  en un varón que no murió  hasta los 39 años. Además destacó , como indica Ribot, por otras virtudes  como  “la piedad, la religiosidad, y la rectitud de conciencia” . Por tanto, parece que tuvo mejor salud de lo que se creía y su laboriosidad más intensa de lo que se ha afirmado.

 

Además, Carlos II tuvo que asumir la Corona en una época posterior a la formación del Estado Moderno y el Renacimiento, en un momento en el que  se impone el absolutismo, cuyo prototipo fue El Rey Sol  y que tuvo como defensor de esa  doctrina política a Jacques –Begnine Bossuet (1607-1704), quien fue autor como historiador, entre sus numerosas obras, del Discurso sobre la Historia Universal. Defiende la procedencia divina del poder de los reyes y ese era el motivo para que el absolutismo sea la forma de Estado más conveniente.

 

Actualmente, se conoce que el reinado de Carlos II tuvo  algunos logros beneficiosos para el país y, entre, ellos se pueden citar el comienzo de “la recuperación demográfica  y económica”, que se consolidaría en el siglo  XVIII y a pesar de que en el campo internacional, como ya hemos indicado, perdimos la hegemonía a favor de Francia, no por eso nuestro país dejó de ser una de las primeras potencias con varias posesiones en Europa y un gran  imperio colonial. España, a pesar de todos los contratiempos  tuvo la destreza  de disponer de una clase política capaz de paliar el poder galo, coaligándose con Inglaterra, Holanda y Austria, y así los territorios de Carlos II consiguieron permanecer casi íntegros. No obstante, hay que reseñar que a Luis XIV le interesaba esa situación, considerando sus pretensiones para heredar el trono español. En este sentido, Luis Ribot cita a un hispanista británico , Cristopher Storrs , quien glosó esa cualidad de resistencia de nuestro país en Europa y América.

 

Frente a la pérdida de los Países Bajos hay que ensalzar la conservación de los territorios italianos. Nápoles, Sicilia y Milán,  liderados  en general por un grupo de  personas  dotadas positivamente para las tareas de gobierno. Meced a esos gobernantes pudieron impulsarse  reformas,  en la Corona de Castilla, que cristalizaron, en 1679, en la Junta de Comercio. Por otra parte, en 1680 y 1686 se promulgaron  diversa disposiciones monetarias para evitar cualquier especulación y se adoptaron otras medidas, de tal modo que se frenó la desorbitada alza de los precios. Todas estas reformas se ampliaron    a la reestructuración de diversos organismos como el Consejo de Estado, el progreso de la ciencia, como consecuencia de la revolución científica, que tuvo lugar, igualmente, en diversos países europeos. En definitiva, está visión del reinado de Carlos II  está muy lejos de esa percepción  negativa que se prolongó durante años.

 

Una de las obras más completas publicada sobre el reinado de Carlos II es el volumen patrocinado  por el CENTRO DE ESTUDIOS DE EUROPA HISPÁNICA, cuyo título es:  <<CARLOS II- EL REY Y SU ENTORNO CORTESANO>>.[2]  Se trata de un texto dirigido por Luis Ribot, editado por el Centro de Estudios Europa Hispánica y en el que colaboran además de Ribot otros historiadores e investigadores  que se ocupan, cada uno, de   redactar distintas facetas en relación con la figura del monarca.

 

 José Luis Colomer del Centro de Estudios Europa Hispánica[3] manifiesta al comienzo de  la obra cómo el embajador francés en España , el Marqués de Villars, a raíz  de la publicación de sus Memorias (1678-1682), dejó una imagen tan negativa del último soberano de la dinastía de los Austrias que habría que esperar a la publicación por Gabriel Maura de sus dos libros : Carlos II y su corte. 1911-1915 y  Vida y reinado de Carlos II, 1942 para atenuar ese criterio tan deficiente sobre el monarca.  Percepción negativa  que también fue contrarrestada por las investigaciones de Henry Kamen, Antonio Domínguez Ortíz, Luis Ribot y Jaime Contreras.

 

Luis Ribot,[4] en su capítulo: EL REY ANTE EL ESPEJO, HISTORIA Y MEMORIA DE CARLOS II, en el apartado: DE MAURA HASTA NUESTROS DÍAS,  manifiesta cómo ya en el siglo XX bastantes historiadores, autores de diversos textos y manuales de Historia de España, aparte de reseñar los aspectos negativos del soberano, también se ocupan de ensalzar sus virtudes y, singularmente, resaltan las de su capacidad de “resolución y dignidad” , que dejó bien patente en su testamento. En este sentido, Ribot hace referencia a un primer grupo constituido por Jhon Linch y Antonio  Domínguez  Ortíz, seguido de un segundo colectivo compuesto por Jhon Elliot, Aguado Bleye y Stradling. Por tanto, hay un avance cualitativo respecto al rey, como acredita Ribot en el testimonio de Antonio Ballesteros que en 1920 indicaba que:

 

  “En medio de sus flaquezas…el rey Carlos II tenía…una acendrada piedad  y una altivez muy española, que le granjearon el cariño de sus súbditos que nunca le faltó”.

 

De todos modos, uno de los juicios más certeros sobre el soberano y que mayor influencia tendría sería el emitido por Gabriel Maura, hijo de Antonio Maura, que fue político y escritor. En su libro que data de 1942, manifiesta que efectivamente Carlos II era físicamente débil y, también, esa carencia se extendió a su carácter. No obstante, tenía como aspectos positivos:

 

“una evidente rectitud moral, piedad, fidelidad a su conciencia y un innato sentimiento de la realeza común a todos los Austrias españoles”

 

Antonio Domínquez Ortiz[5] analiza esa disminución del poder español y señala como “la curva depresiva” de nuestro país cuando más se agudizó fue en la segunda etapa de  la monarquía de Felipe IV, en contra de la opinión sustentada por los historiadores tradicionales que imputaron a la época de Carlos II la culminación y radicalización de ese declive.

 

        Con Carlos II se podía haber iniciado una tímida recuperación que ya se detectó en algunas regiones, pero la carencia de unos consejeros eficaces y el hecho que se abortara la posibilidad de una extensa fase de paz dieron al traste con esa esperanzadora recuperación y la decadencia fue un acontecimiento ya irreversible.

 

Además, de la obra  dirigida por  Luis Ribot, otro de los análisis más certeros sobre los Austrias  es el libro  coordinado por  Ricardo Garcia Cárcel,[6] al que se denomina : “ LA HISTORIA DE ESPAÑA SIGLOS XVI Y XVII LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS” y en el que  colaboran, además de Cárcel José-Luis Beltrán , Manuel Peña, Rosa Mª Alabrús, Enrique Soria, Juan-Jesús Bravo Caro y Antonio Fernández Luzón. En concreto, el estudio que se centra en la figura de Carlos II es el relativo a   El final de una dinastía, cuya autora es Rosa Mª Alabrús[7].

 

Manuel Lacarta,[8] en su libro : “LA CASA DE AUSTRIA Y LA MONARQUÍA DE MADRID” , en el “ EPÍLOGO. EL VIAJE A MADRID DE LA CONDESA D’AULNOY : UNA VISITA AL MADRID DEL SIGLO DE  ORO”, reseña  como el duque de Maura y Agustín González  Amezúa,  incorporan a su obra el texto  de madame D’Aunoy sobre Carlos II, tanto por lo que respecta a su físico como a sus cualidades :

 

“Tiene el cutis muy fino y blanco ; los ojos bonitos ; la mirada suave ; el rostro excesivamente alargado y estrecho ; los labios gruesos, como todo los Austria ; la boca grande ; la nariz acentuadamente aguileña ; el mentón prominente, combado hacia arriba ; El pelo abundante y rubio, muy lacio y recogido detrás de las orejas ; el talle más bien alto ; las piernas flacas y rectilíneas”.

 

“ Es naturalmente bondadoso ; gusta de ejercitar la clemencia ; entre todos los consejos que reciba, opta por seguir el que juzga favorable para su pueblo, al que profesa verdadero amor ; nunca vengativo, es sobrio, dadivoso, devoto, inclinado al bien, ecuánime y de fácil acceso. No llegó a recibir la educación indispensable para que pudiese formar su entendimiento, del que, en verdad, no se halla desprovisto”.

 

  A lo largo de la historia de la monarquía austriaca quizás, como ya hemos reseñado,  la figura más denostada fue Carlos II con una perspectiva sobre él de hombre funesto para la institución monárquica hispana. Como sustenta César López Llera[9] tal vez fuera la etapa histórica que más estuviera desatendida por biógrafos e historiadores, pero considera López en su artículo publicado en marzo de 2003, con el título: “Carlos II. El Deseado que siempre se sintió Rey” , que ese criterio sustentado sobre él pueda ser injusto, ya que  hubo excesivo rigor   para analizar su actuación durante su mandato con una apreciación demasiado severa, sin percatarse de que su labor no fue menos eficaz que la de otros monarcas de su dinastía como, por ejemplo,  el hecho de que glosara su figura nada menos que Calderón de la Barca en alguno de sus Autos Sacramentales denominando al rey “El Príncipe Deseado”.  López relata como el soberano era una persona bondadosa dispuesta al perdón como, por ejemplo, con ocasión de alguna boda regia. En ese sentido, Calderón ensalza al monarca manifestando:

 

 

“Que viva, que reine,

que goce y que vea

felices edades

del astro planeta

mayor que vio el mundo

con su esposa bella,

con gustos, con dichas

que España desea”.

 

      Los mayores elogios literarios parten de Calderón que en otro texto dice:

 

“¿No veis a Carlos Excelso,

Segundo de aqueste nombre?

¿No veis el prodigio bello

de María Luisa, reina

de España? ¿Y de su Cielo

astros brillantes no veis

esa tropa de luceros

de sus bellísimas damas?”.

 

     También la meritoria labor de Carlos II se extiende a la pintura con artistas como Lucas Jordán, Claudio Coello o Antonio Palomino que plasmaron con sus pinceles obras inolvidables en san Lorenzo de El Escorial con los lienzos “Gloria de la Monarquía Hispánica” de Jordán. “Adoración de Carlos II a la Sagrada Forma de Gorkum” de Coello o la “Apología de Carlos II”, frescos de Palomino de la Primera casa Consistorial de Madrid.

 

          Parece que fue un monarca más amado de lo que se cree y que quiso a sus súbditos. La Reina María Luisa de Orleáns era a la que se acusó injustamente de la esterilidad de su esposo, como lo acredita la siguiente copla,  cuando el que tenía esa  irreversible enfermedad era él:

 

“Parid bella flor de lis,

que en aflicción tan extraña,

si parís, parís a España

si no parís, a París”

 

       En otra ocasión cuando enfermó Carlos II en el verano de 1696, cuatro mil personas se congregaron ante el Alcázar en solidaridad con el rey y culpaban a su segunda esposa, Mariana de Neoburgo de haberle contagiado el mal que padecía, teniendo la intención incluso, si el monarca moría, de matar a la reina y a sus criados,  utilizando, para ello, si fuera necesario cualquier arma como arrojar piedras si hubiera ocurrido el fatal desenlace.

 

       Igualmente en el año 1699 tuvo lugar el denominado:”Motín de los Gatos”, promovido por los franceses en contra del conde de Oropesa que apoyaba al candidato austriaco a la sucesión y Carlos II adoptó ante sus ciudadanos una actitud de tolerancia, que provocó una reacción espontánea del pueblo de apoyo al monarca con la exclamación unánime de: ¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!, situación que desencadenó en  actos vandálicos de daños e incendios e incluso de muerte. Intervino Carlos II para apaciguar la rebelión y el hecho de que el soberano fuera visto en el balcón de palacio ya fue motivo suficiente a fin de que la sublevación se extinguiera. El Rey reconoció que había que atajar las injusticias del pueblo y mostró su disposición para perdonar y que el mismo fuera perdonado, prometiendo solucionar los problemas.

 

     En ese extenso reportaje  de César López analiza la opinión del Duque de Maura sobre la personalidad de Carlos II que aunque sintiera los achaques de su enfermedad siempre tuvo a gala el asumir con dignidad y elegancia su condición de rey fuera ante su hermano bastardo o ante cualquiera que pusiera en tela de juicio su jerarquía como cuando Medina de las Torres le insinuó mostrarle la misma fidelidad que a sus padre al que el monarca le manifestó:”Los Reyes tienen a sus vasallos no como amigos, sino por servidores”.

 

     Y precisamente en el tema más delicado que tuvo que emitir su criterio el de su sucesión es en el que mostró esa personalidad y carisma de rey frente a las intrigas de dentro y fuera de España y, en este sentido, dejó claro:

 

  “No vivo tan descuidado de mi obligación, ni aprecio tan poco el amor de mis vasallos que, si Dios (por sus soberanos juicios) tuviese por conveniente suspenderme la vida sin sucesión, no hayan de quedar dispuestas las cosas con bastante reflexión a lo más justo y más importante a la quietud pública, que nadie pueda echar de menos ni mi justificación ni mi providencia”.

 

   Otro de los factores positivos que menciona el articulista César López es el que se refiere a la política económica que durante los postreros años del siglo experimentó una mejoría con la devaluación del vellón cuyos efectos positivos se produjeron en un periodo a la larga, logrando un equilibrio monetario.

 

       Por otra parte, López hace referencia a la opinión de Kamen, en el sentido de que la época de Carlos II fue una etapa más positiva que la de los otros Austrias respecto a la libertad y censura. Por tanto, una etapa menos restrictiva que facilitaría  que las obras de los nuevos filósofos,  que formarían parte en un futuro del movimiento de la Ilustración, pudieran entrar en nuestro país.

 

      Asimismo, junto a Calderón surge una generación de dramaturgos como Francisco Antonio de Bances Candamo y  Antonio de Solís y Rivadeneyra. También hay que destacar la figura de Alonso Núñez de Castro, cronista de la Villa y autor de la famosa expresión: “Sólo Madrid es Corte”. Otros escritores que sobresalieron ya pioneros de la Ilustración fueron el Padre Feijóo o Forner.

 

     Igualmente, ya se puso en boga la novedad de publicar gacetas, a la manera de otros países europeos, germen del futuro periodismo hispano.

 

      Las obras artísticas proliferaron en el reinado del monarca como los frescos de la Real Iglesia de San Antonio de los Alemanes en los que aportaron su ingenio Rizzi, Carreño y Lucas Jordán o las pinturas del Convento de las Descalzas Reales, en la Capilla del Milagro, que fueron encomendadas por Juan José de Austria a diversos y prestigiosos pintores. Otros pintores, entre otros, que brillaron con luz propia fueron Murillo y Juan Valdés Leal. Escultores como Alonso Cano, Pedro de Mena, Roldán y su hija “La Roldana”.

 

       Por otro lado, cabe reseñar las obras realizadas en las catedrales de Granada, Jaén y la Basílica del Pilar de Zaragoza y en Madrid los conventos de Las Comendadoras de Santiago,el de las Calatravas y el de Las Bernardas del Santísino Sacramento.

 

       En el ámbito de las Universidades surgen reuniones y tertulias en donde se debaten las nuevas ideas y se crea un grupo que fomenta este tipo de discusiones llamados “los novatores” .Toda esta inquietud se inserta en los prolegómenos de  que se avecinaba en el siguiente siglo, cuando un colectivo de pensadores y escritores se plantean los problemas de la sociedad en la que viven y realizan un autocrítica del atraso  y los males que aquejan a las estructuras del Antiguo Régimen desde un punto de vista económico, pedagógico y de falta de confianza en la propia capacidad humana para utilizar los recursos que le ofrece la naturaleza. Ese siglo XVIII sería denominado en España: “El de las luces” o “El de la Razón”.  En Francia: “les siècle des lumieres”. En Italia : “ Ilumi “. En Alemania: Aufklärung etc.

 

La muerte de Carlos II, el 1 de noviembre de 1700, sin descendencia propició  que  aspiraran a suceder al rey los dos  pretendientes al trono   que alegaron sus derechos dinásticos para optar al trono español  fueron  Felipe de Anjou, bisnieto de la hija mayor de Felipe III de España, Ana de Austria, y  nieto de la hija mayor de Felipe IV de España, María Teresa de Austria, hermana de Carlos II  .  El otro pretendiente l era el archiduque Carlos de Austria, hijo menor del emperador Leopoldo I , y este a su vez  hijo del emperador Fernando III y su esposa María Ana de Austria , hija  menor de Felipe III  y de su  esposa, Margarita de Austria, que llegó a ser emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico.

 

El tema de la sucesión de Carlos II ha propiciado numerosas publicaciones, como indica Antoni Simón Tarrés[10]. A título de ejemplo, el historiador cita el excelente trabajo de Antonio Domínguez Ortiz del año de 1982. El testamento del monarca otorgado por Carlos II  fue publicado por José Luis de la Peña. Es interesante reseñar en este estudio la estipulación 13 en el que el rey no tiene ninguna duda sobre quién debe ser el futuro heredero:

 

“… reconociendo, conforme a diversas consultas de ministros de Estado y Justicia, que la razón en que se funda la renuncia de las señoras doña Ana y doña María Theresa, reynas de Francia, mi tía y hermana, a la subcesión de estos reynos, fue evitar el perjuycio de unirse a la Corona de Francia y reconociendo, que viniendo a çesar este motibo fundamental, subsiste el derecho a la subcesión en el pariente más inmediato; conforme a las leyes de estos reynos, y que oy se verifica, en el hijo segundo del Delphin de Francia. Por tanto, arreglándome a dichas leyes, declaro ser mi subcesor, (en caso de que Dios me lleve sin dejar hijos), el duque de Anjou...”

La  sucesión de Carlos II fue un asunto verdaderamente conflictivo en el que el rey en medio de dudas y vacilaciones no acababa de tomar  una  decisión definitiva. Al fin se logró pactar que el heredero sería el príncipe elector José Fernando de Baviera y así Carlos II testó para que  aquel fuera el que le sucediera en el trono, pero su  inesperado fallecimiento en 1699, volvió a recrudecer, de nuevo, el tema del heredero.  En unos casos era Felipe el preferido y en otras el archiduque.  Por fin el día 3 de octubre de 1700 Carlos II optó por otorgar  testamento a favor del nieto de Luis XIV , Felipe V, que era  segundo hijo de Luis, Delfín de Francia y  biznieto de Felipe IV, que iniciaría su reinado con el nombre de Felipe V, mientras que los derechos dinásticos del archiduque Carlos,  hijo de Leopoldo I  y biznieto de Felipe III, como señala José Calvo Poyato ,[11] “quedarían postergados”. Por supuesto, una de las cláusulas más importante era que la dos Coronas la de Francia y España no podían recaer en la misma persona. Se creó una Junta de Gobierno esperando que el nuevo rey tomara posesión de su cargo, pero el emperador  Leopoldo I se sintió engañado, así como Holanda e Inglaterra que formaron una gran alianza . No había otra alternativa que la guerra. Las manipulaciones y prepotencia del Rey Sol, fue una de las causas del conflicto bélico. Ya al final de la contienda cuando fallecieron los emperadores Leopoldo I y su hijo mayor José I que le había reemplazado en el trono. Muerto prematuramente la corona le fue ofrecida al archiduque Carlos que pasó  a ser emperador con el nombre Carlos VI y que propició el final de la guerra con el Tratado de Utrech.

 

     Luis XIV[12] no se conformaba con que la monarquía hispánica, en caso de que Carlos II falleciera sin sucesión, tuviera que dividirla con el emperador, a pesar del tratado que Francia y Austria suscribieron, en este sentido, en 1698 después de la paz de Ryswick. Este reparto contó con la anuencia de Inglaterra y Holanda y ambas potencias mostraron su acuerdo para que el príncipe de Baviera fuera el futuro monarca de España y de sus territorios de Ultramar, mientras que Francia se quedaría con ciertas posesiones italianas y el archiduque Carlos con el Milanesado. Este compromiso fue repudiado en España y al morir inesperadamente el príncipe de Baviera en 1699 se quedó sin  efecto el citado tratado.

 

      Posteriormente, se suscribe un nuevo tratado en 1700 en el que no intervino el emperador austriaco y Francia agregó a sus territorios Lorena y el Milanesado, como compensación, pasó al duque de Lorena.

 

     Los castellanos se inclinaron claramente por la candidatura francesa y en junio de 1700 el Consejo de Estado celebró una reunión en Madrid em donde se aprobó dicha candidatura que además fue respaldada por el Papa que la consideraba más favorable para preservar la paz. El rey, Carlos II, en su testamento de octubre de 1700 dejó heredero de la monarquía hispánica a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV. El 1 de noviembre murió el monarca y, conforme a las costumbres de Castilla, Felipe V fue aclamado como soberano de España mediante el ritual en virtud del cual se exclamaba por los castellanos: “Castilla, Castilla, Castilla por su Magestad Felipe V”.

 

            Luis XIV[13] recibió con agrado la sucesión al trono de España y el 12 de noviembre de 1700 en una misiva enviada a Mariana de Neoburgo la viuda regente en la que especifica:

 

      “Nuetro pensamiento se aplicará cada día a restablecer, por una paz inviolable, la monarquía de España al más alto grado de gloria que haya alcanzado jamás. Aceptamos a favor de nuestro nieto el duque de Anjou el testamento del difunto rey católico”.

     

Después de que Luis XIV,[14] aceptara la herencia de Carlos II conforme a lo dispuesto en su testamento, el conflicto bélico por la sucesión no tendría lugar inmediatamente, pero la ambición irrefrenable del monarca francés que cristalizaron en la conquista del Milanesado y Flandes, y el hecho que mantuviera como heredero al trono galo a Felipe V, significaba acumular en este los reinos de Francia y España. Además de conseguir ciertos privilegios para comerciar con América, las intrigas y el mando en la Corte española a favor del monarca francés por parte del embajador galo, la princesa de los Ursinos y  el ministro Orry, organizador de las instituciones hispanas, de acuerdo con el patrón galo,  que intervenían descaradamente en la política interna de nuestro país. Esta situación lógicamente alarmó a las demás potencias europeas que se unieron frente a quien quería detentar un poder abusivo, mediante una alianza de la que formaron parte Inglaterra, el Imperio y Holanda. La guerra se iniciaría en el mes de mayo de 1702. También, Luis XIV había herido la susceptibilidad de los ingleses al mantener que la dinastía de los Estuardo eran los legítimos pretendientes al trono

 

A pesar de la contrariedad del emperador Leopoldo I, una actitud más ecuánime y moderada de Luis XIV en el escenario europeo hubiera podido impedir el conflicto. Por ello, la prepotencia de “El Rey Sol” fue la causa desencadenante del estallido bélico que definitivamente se decantó a favor del aspirante Felipe V, no sin merma de la pérdida de diversos territorios pertenecientes a España. La paz de Utrech de 1713 marca el punto de partida de la hegemonía mundial de Inglaterra.

                                          LOS VALIDOS

En cuanto al tema de los validos o privados, destaca el libro coordinado por José Antonio Escudero, con la denominación de LOS VALIDOS[15]. Estos sobresalen en el Antiguo Régimen y  eran dotados por los reyes de unos poderes especiales. Los validos existieron en todas las épocas, en el Medioevo, en la dinastía de los Austrias y de los Borbones. Los validos cuando alcanzaron su auge en España fue en el siglo XVII con Felipe III, Felipe IV y Carlos II. En la Edad Media los validos más conocidos fueron Don Alvaro de Luna y Juan Pacheco y el último gran valido fue  Manuel Godoy entre los siglos XVIII y XIX.  Durante el reinado de Carlos II el primer valido extranjero fue el Padre Juan Everardo Nithard, posteriormente durante la minoridad del rey se hace cargo la Junta de Gobierno. Después serían  validos  Fernando de Valenzuela, quien recibió el nombramiento de Primer Ministro.

 

  Juan José de Austria,   fue el más relevante de todos los validos , hijo de Felipe IV y La Calderona y, por tanto, hermano bastardo de Carlos II, Juan José de Austria. En él estaban depositadas muchas esperanzas y su enfrentamiento con la reina madre Mariana de Austria  propició que esta tuviese que alejarse de la corte a Toledo. Gobernó de 1677 a 1679 y, como afirma  Manuel Ríos Mazcarelle[16],  se preocupó de de que la figura de Carlos II  fuera respetada de acuerdo con su condición regia. Asimismo, que el monarca recibiera una mejor educación. No se puede ignorar sus intentos de que los reinos  hispánicos  recuperaran su esplendor, pero se encontró con graves dificultades políticas y militares. Jhon Nada[17] , en su obra  Carlos II  “El Hechizado” describe  cómo era Juan  José de Austria:

 

“ Fue un joven afable, valiente e inteligente y trabajador, pero su ambición y su ilegítimo nacimiento contribuyeron a hacerle perder  las buenas cualidades que poseía, y a hacerle adquirir otras mucho menos admirables”

 

Esa desmedida ambición le llevó a contar a su padre el rey Felipe IV, según Nada, que quería contraer matrimonio con su hermanastra Margarita . Este deseo escandalizó al propio Felipe IV, quien no quiso ver más a su hijo bastardo, incluso ni en el lecho de muerte.

 

 Además,  le tuvieron que hospitalizar  porque su salud se deterioró  de tal modo que falleció el 17 de septiembre de 1679, cuando contaba 50 años de edad. Después  el VIII duque de Medinaceli ostentaría la condición de primer ministro y el conde de Oropesa sería el último valido.  Pero la figura del valido no es exclusiva de España,  también , en otras monarquías europeas hubo validos con gran poder como Richelieu  y Mazarino en Francia o sir Rober Cecil y Buckingam en Inglaterrra o Alex Oxenstierna en Suecia. Por supuesto, según Escudero, las biografías más certeras en España  son las que se han escrito sobre el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares los dos validos más poderosos.

 

Asimismo, Escudero realiza la distinción entre “privados y validos”. Mientras los privados son personas que gozan del aprecio y simpatía del monarca y , por tanto, pueden tener ciertos privilegios  en cuanto al control del poder. Se diferencia fundamentalmente de los validos en que  los privados pueden ser  uno o varios. En cambio, el valido,  es uno solo  que  tiene la exclusividad de la amistad y acceso al rey y la exclusividad   de detentar  el poder.

REFERENCIAS

[1] RÍOS MAZCARELLE, Manuel. LA CASA DE AUSTRIA: UNA DINASTÍA ENFERMA. El ESTGMA DE LOS HABSBURGO: SU ORIGEN. Ediciones Merino. Tercera Edición. Madrid, 1997. Pp. 13-17.

[2] LÓPEZ ALONSO, Antonio “Carlos II El Hechizado.”  Colección Aquerone-Ediciones Irreventes. Capítulo I: “Infancia y Adolescencia”. Madrid, abril, 2003. Pp.12 y 13

 

[3] ALVAR EZQUERRA, Afredo ( IH-CCHS-CSIC) . Felipe IV .El Grande,  Colección Historia . La Esfera de los Libros . Madrid, 22 de mayo de 2018. 696 páginas .

 

[4] ALVAR EZQUERRA, Afredo ( IH-CCHS-CSIC) . Felipe IV .El Grande,  “Al curioso lector”. Ob. Cit., pp. 13-30.

 

[5] CABOT, José-Tomás. “Dos Reina de la España Barroca” (Isabel de Borbón y Mariana de Austria). Historia y Vida. Extra 22. “Reinas de España”. Barcelona-Madrid, 1981. Pp. 41-47.

 

[6] GARCÍA CÁRCEL, Ricardo. SERRANO TORRES, Antoni. RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Ángel. CONTRERAS, Jaime. Historia de España- La España de los Austrias II, tomo 7. Grandes Semblanzas: “Carlos II El Hechizado”. Espasa Calpe, S.A. Pozuelo de Alarcón (Madrid), 2004. Pp. 682-687.

 

[7] LÓPEZ ALONSO, Antonio “Carlos II El Hechizado.”  Colección Aquerone-Ediciones Irreventes. Capítulo I: “Infancia y Adolescencia”. Madrid, abril, 2003. P.9

[8] ALONSO- FERNÁNDEZ, Francisco  Historia personal de los Austrias. Capítulo XIII: “Carlos II, el Rey Esperpéntico”. (1661-1700), Fondo de Cultura Económica de España, S.L .Primera Edición, 2000. Primera reemprisión, 2001. Madrid. Pp. 253-274.

 

[9] CASTILLA OJUGAS, Antonio .Profesor Emérito de la Universidad Complutense. Presidente de la Asociación Española de Médicos y Artistas. Página web. www.arturosoria.com/medicina/art/carlos_II.asp

 

[10]  LÓPEZ ALONSO, Antonio. “Carlos II-El Hechizado”. Capítulo I: “Infancia y Adolescencia”. Ob. Cit.Pp. 9-25

[11] ALONSO- FERNÁNDEZ, Francisco. “Historia personal de los Austrias españoles” . Ob. Cit. .Pp. 259-262.

 

[12] LÓPEZ ALONSO, Antonio “Carlos II El Hechizado.”  Colección Aquerone-Ediciones Irreventes. Capítulo I: “Infancia y Adolescencia”.2. ¿Niña o Niño? Madrid, abril, 2003. Pp. 12-13.

 

[13] ALONSO- FERNÁNDEZ, Francisco. “Historia personal de los Austrias epañoles. Prefacio. LA PSICOHISTORIA, UNA NUEVA CIENCIA. Ob. Cit. Pp. 1-18

 

[14]  ALONSO -FERNÁNDEZ, Francisco. “Historia personal de los Austrias epañoles”. La obra citada consta de cuatro apartados referidos los tres primeros a Doña Juana, Carlos V y Felipe II y en el cuarto estudia a los Austrias menores: Felipe III, Felipe IV y Carlos II.

[15]  ALONSO- FERNÁNDEZ, Francisco Ob. Cit. P. 271.

[16]  MARAÑÓN, Gregorio. “Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo”. La obra que reseña Gregorio Marañón de Furno en la página 97 es: “Studio di genetica e di clinica sopra cinque casi di eunocoidismo heredofamiliare”, que publicó en febrero de  1922 en la “ Rivista de Patología Nervosa e Mentale”.

[17] ALONSO- FERNÁNDEZ, Francisco. Ob. Cit. P. 260.

[18]  LUJÁN, Néstor “MADRID-de los últimos Austrias”. Capítulo XI: “Carlos II, fin de raza y dinastía.”. Nestor Luján, 1989. Editorial Planeta, S.A, Barcelona, 1989. Pp.153-161

[19]LÓPEZ ALONSO, Antonio  . “Carlos II, el Rey al que todos creyeron Hechizado.”  Diario El Mundo.

Página Web.www.edicionesirreverentes.com.

[20] LÓPEZ ALONSO, Antonio “Carlos II El Hechizado”.5  Consejo de Regencia. Ob. Cit. . Pp. 20-21.

 

[21] KAMEN, Henry “La España de Carlos II. Editorial Crítica. Madrid, 1987. P. 321

[22]  LÓPEZ ALONSO, Antonio “Carlos II El Hechizado”. 4. Educación. Ob. Cit. Pp. 17-20.

[23]GARGANTILLA, Pedro, médico internista del Hospital Clínico de San Carlos. “La esterilidad de Calos II se debía a una enfermedad genital”. Página Web. www..diariomedico.com

[24] SIMÓN TARRÉS Antoni La España del siglo XVII”-“Los Austrias Menores- los años del reinado de Carlos II. P. 87. ob. cit.

[25] RIBOT, Luis. De la Real Academia de la Historia. “Carlos II, ni tan hecizado, ni decadente”. La Aventura de la Historia. Nº 136. Año 2010. Enero. Pp. 50-55

[26]  RIBOT, Luis (Dirección). CARLOS II. El Rey y su entorno. RIBOT, Luis: El Rey ante el Espejo. Historia y Memoria de Carlos II.  CASTILLA SOTO, Josefina: Tratado para la educación del rey niño.  CARRASCO MARTÍNEZ, Adolfo: El príncipe deliberante abstracto. Debate político y la Monarquía de España. LOPEZ-CORDÓN CORTEZO, María Victoria; Las mujeres en la vida de Carlos II.  ÁLVAREZ- OSORIO ALVARIÑO, Antonio: La piedad de Carlos II. SANCHO, José Luis y SOUTO. José Luis: El arte regio y la imagen del soberano. ATERIDO, Angel: Pintores y Pinturas en la corte de Carlos II. MORÁN TURINA, Miguel: Carlos II y El Escorial. SANZ AYÁN, Carmen: La fiesta cortesana en tiempos  de Carlos II.. LOLO, Begoña: La música en la corte de Carlos II. SERRANO MARTÍN, Eliseo: Los viajes de Carlos II. SÁNCHEZ BELÉN, Juan A: La muerte os sienta tan bien Majestad- La imagen de Carlos II en los sermones fúnebres. CENTRO DE ESTUDIOS EUROPA  HISPÁNICA ( CEEH). Madrid, 2009.Pp. 1-352.

 

[27] COLOMER, José-Luis del Centro de Estudios Europa Hispánica.<< CARLOS II- EL REY Y SU ENTORNO CORTESANO>> CENTRO DE ESTUDIOS EUROPA  HISPÁNICA ( CEEH). Madrid, 2009.Pp.. P. 3.

 

[28] RIBOT, Luis. EL REY ANTE EL ESPEJO, HISTORIA Y MEMORIA DE CARLOS II, en el apartado: DE MAURA HASTA NUESTROS DÍAS. Op.cit. Pp. 45 a 48.

 

[29] DOMÍNGUEZ ORTÍZ , Antonio. PESET, J. PESET. M. SOLANO, F.  . “Esplendor y decadencia.- De Felipe III a Carlos II.”  Historia de España, nº 7. Año VI. Extra XIX. Madrid, 1981.  Pp. 26-30.

 

[30] GARCÍA CÁRCEL, Ricardo (Coord.) y otros. LA HISTORIA DE ESPAÑA SIGLOS XVI Y XVII LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS. CÁTEDRA. Historia -Serie  Mayor – 1ª Edición  . Ediciones Cátedra  (Grupo Anaya, S. A,) Madrid , 2003. Pp.1-625.

 

[31] ALABRÚS, Rosa Mª.  LA HISTORIA DE ESPAÑA SIGLOS XVI Y XVII LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS. CÁTEDRA El final de una dinastía.Pp 379-429. Op. Cit.

 

[32] LACARTA, Manuel. LA CASA DE AUSTRIA Y LA MONARQUÍA DE MADRID. EPÍLOGO. EL VIAJE A MADRID DE LA CONDESA D’AULNOY : UNA VISITA AL MADRID DEL SIGLO DE ORO. Ediciones La Librería . Madrid, 2006 . Pp. 283-290

 

 

[33] LÓPEZ LLERA, César. Artículo: “Carlos II. El deseado que siempre se sintió Rey”. Marzo, 2003. MILENIO-Revista Digital. Página Web.

www.gh.profes.net                                                                                                              

[34]  TARRÉS, Antoni Simón. “La España de los Austrias” I. Volumen 6. Pp. 588-592. Ob. Cit.

[35] CALVO POYATO, José. Carlos II el Hechizado.  Memoria de la Historia 3ª edición. Capítulo XVI. La Muerte del Rey .Editorial Planeta, S.A. 1992. Barcelona. Pp. 209-224

[36]  TARRÉS, Antoni Simón  “La España del siglo XVII”. P. 88. ob. cit.

[37]  Categoría; Guerras de España-Guerra de Sucesión Española-Wikipedia en español.. Página Web.

   http://es.wikipedia.org.

[38]  CORTÉS, Antonio-Luis Antonio Luis Cortés. Historia de España 8. “El reformismo borbónica”-“La España del siglo XVIII”. “La guerra de sucesión y la paz de Utrech”. Año VI. Extra XX. Historia-Información y Revistas, S.A. Madrid-diciembre, 1981. Pp.7-12.

[39] ESCUDERO, José Antonio –Coordinador.  LOS VALIDOS.  Dykinson, S.L. Universidad rey Juan Carlos.. 17 colaboradores se ocupan de distintos temas relativos a los validos, privados y primeros ministros. Madrid, 2004 PP. 1-631

[40] RÍOS MAZCARELLE, Manuel. LA CASA DE AUSTRIA: UNA DINATÍA ENFERMA. El ESTGMA DE LOS HABSBURGO: SU ORIGEN. CARLOS II.  Ob.Cit. Pp. 211-354.

 

[41] NADA,Jhon: Carlos II “El Hechizado”. Luis de Caralt. Versión eapañola . Mª Teresa Gispert. Primera Ecdición. P. 72.

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